Las vacunas de ARN mensajero desarrolladas frente a la COVID-19 han demostrado ser efectivas y seguras en mujeres embarazadas y lactantes. Además, transfieren la inmunicidad frente a la enfermedad por el coronavirus de 2019 a los recién nacidos a través de la placenta y la leche materna. Así lo ha revelado un estudio publicado en la publicación científica American Journal of Obstetrics and Gynecology.

La investigación tenía como objetivo evaluar la inmunogenicidad y la reactogenicidad de las vacunas basadas en ARN mensajero de la infección por coronavirus en mujeres embarazadas y lactantes. Para ello, se realizó un análisis comparando su respuesta con la de otras mujeres que no había concebido y con otro grupo de gestantes que se habían infectado de COVID-19 de forma natural durante el embarazo.

Los resultados, pese a estar basados en una muestra limitada, son relevantes en el ámbito de la ginecología y obstetricia donde no existen datos sobre los que basar las decisiones clínicas. No hay que olvidar que las mujeres gestantes y lactantes se han quedado fuera de los ensayos clínicos sobre vacunas.

Según la doctora Andrea Edlow, especialista en medicina materno-fetal en el Hospital General de Massachusetts, en Boston, y co-autora del estudio: “Se trata de una gran noticia ya que es esencial ofrecer a las embarazadas evidencias sobre estas vacunas”.

Dos grupos de control

El estudio se ha realizado en dos centros médicos de Estados Unidos y en él han participado un total de 131 mujeres. De ellas, 84 estaban embarazadas, 31 en periodo de amamantamiento de sus bebés y otras 16 mujeres en edad reproductiva que hicieron de grupo control.

El conjunto de mujeres al completo recibió las dos dosis de la vacuna ARN mensajero frente a la COVID-19 desarrollada bien por Pfizer-BioNTech, bien por Moderna. El número de mujeres que recibió una u otra vacuna fue equivalente.

Se trata de una nueva generación de vacunas que aunque han demostrado una inducción inmunitaria eficaz en adultos, nunca antes se habían probado en embarazadas, tal como reza el estudio, de ahí su relevancia.

De las participantes gestantes, 11 recibieron la vacuna en el primer trimestre, 39 durante el segundo y 34 en el tercer trimestre. Además, 13 de ellas dieron a luz durante el periodo del estudio, lo que permitió la recogida de la sangre del cordón umbilical en el momento del parto y su posterior análisis.

Y de aquellas que se habían contagiado con el SARS-CoV-2 durante el embarazo, se almacenaron los sueros para poder servir como segundo grupo de control.

Anticuerpos similares

Las vacunas generaron una inmunidad sólida en las gestantes con una inmunogenicidad y reactogenicidad similar a la observada en las mujeres no embarazadas. La respuesta inmunitaria inducida por la vacuna fue estadísticamente significativamente mayor que la respuesta a la infección natural.

Adicionalmente, el número de anticuerpos inducidos fue equivalente tanto en las embarazadas y las lactantes como en el grupo control, y no difirieron por trimestre de vacunación. Por otro lado, los anticuerpos generados en respuesta a la vacuna fueron mayores que los observados en las mujeres que ya habían pasado la enfermedad.

Inmunidad de los bebés

En el análisis de todos los cordones umbilicales de los recién nacidos, así como en la leche materna, los investigadores encontraron también anticuerpos. Esto sugiere que los fetos quedaron inmunizados frente a la COVID-19, aunque se desconoce el tiempo de protección.

El estudio concluye que estos datos proporcionan un argumento convincente de que las vacunas basadas en plataformas de ARN mensajero frente a la COVID-19 inducen una inmunidad humoral similar en mujeres embarazadas y lactantes que en la población no embarazada. El perfil de efectos secundarios en ambos casos fueron similares.