La crisis sanitaria del COVID ha puesto contra las cuerdas a un sistema sanitario que ya mostraba graves carencias. El personal sanitario en general y los facultativos en particular han demostrado una entrega y una disponibilidad encomiables. Durante muchos meses hemos mantenido jornadas laborales interminables, renunciando a descansos, prolongando horarios, arriesgando y afectando nuestra salud, adaptando nuestra labor a las necesidades que en cada momento imponía la pandemia.

Como empleados públicos y más dentro de un sector sanitario tan necesario y sensible para la población, estamos obligados a realizar un esfuerzo extraordinario cuando sea preciso, pero ese esfuerzo debe compensarse. ¡Trabajar lo que sea preciso para salvar la situación desde luego!, pero trabajar gratis no. La vocación de los facultativos no es un salvoconducto que permita explotarlos laboralmente sin ningún tipo de contrapartida, como ha sucedido con algunos médicos de la Agencia Navarra de Autonomía y Desarrollo de las Personas (ANADP), dependiente del Departamento de Derechos Sociales.

Estos facultativos fueron requeridos por sus superiores para cubrir la asistencia en el Centro San José después de que se produjera un brote de COVID. Trabajaron durante varios días festivos y en jornadas fuera de su horario laboral, tanto para labores médicas como para apoyo a otras funciones (gestión de contactos, apoyo a familias, etc.), hasta que el brote se contuvo.

Cuando solicitaron que ese exceso de jornada se compensase mediante retribución económica o a cambio de días libres, la Administración les contestó que, aunque les reconocía las jornadas trabajadas en exceso, no podían ser compensadas de ninguna manera. No se contemplan en Función Pública las horas extras. Es decir, que en realidad sí les pueden pedir que hagan todas las horas extras que sean necesarias, pero sin esperar cobrarlas ni en tiempo, ni en dinero. ¿Habrá que retribuirlas en aplausos?

Tampoco las gestiones del Sindicato Médico de Navarra han dado fruto, de modo que el esfuerzo y trabajo generoso de estos profesionales va a quedar sin compensación alguna, salvo que la Administración reconsidere su error y decida lo contrario.

El caso de estos compañeros está siendo objeto de un atento seguimiento por parte del colectivo médico, ya que no debemos olvidar que los médicos somos trabajadores por cuenta ajena (en su mayoría), con una alta preparación y enorme vocación y disponibilidad, pero trabajadores asalariados, a fin de cuentas. El trabajo debe ser reconocido y compensado, tanto más cuanto más generoso ha sido su desempeño y es la Administración, el empleador, el responsable de esa satisfacción.

Si la Administración se va comportar de forma mezquina, no puede esperar que los médicos cumplamos de forma generosa y extraordinaria. La vocación no da para más. ¿La paciencia? La paciencia se está acabando…