En España casi 1.000.000 de personas toman anticoagulantes orales. Una cifra que aumenta cada año. Especialmente por el envejecimiento de la población y el aumento de los factores de riesgo vascular. Debido a este tratamiento, estos pacientes anticoagulados son más vulnerables ante una emergencia médica, como ha ocurrido con la pandemia. En concreto, porque la COVID-19 afecta con más virulencia a las personas que tienen alguna enfermedad cardiovascular, como es el caso.

A este respecto, la Federación Española de Asociaciones de Anticoagulados (FEASAN) expone que acudir a las revisiones en los centros de salud es un riesgo que puede ser evitado. Durante los momentos más convulsos, la mayoría de autonomías adoptó medidas extraordinarias.  Sin embargo, ni todas fueron las mismas, ni todas fueron oficiales. Ni se tomaron en todas las Comunidades Autónomas.

“Tan solo 7 CC.AA han publicado medidas extraordinarias, entre las que se incluye la autorización de los ACOD para los nuevos pacientes con Fibrilación Auricular no valvular, que exige la flexibilización del visado de inspección”, informan desde FEASAN.

El problema es que, concluido el estado de alarma, los gobiernos autonómicos están retirando este tipo de medidas.

Los riesgos de los pacientes anticoagulados ante la COVID-19

El presidente de FEASAN, Rafael Martínez, recuerda que los pacientes anticoagulados siguen en riesgo, ya que la pandemia no ha terminado. De esta forma considera que es urgente tomar medidas. En concreto, que las CC.AA y el Ministerio de Sanidad revisen el sistema de seguimiento del tratamiento anticoagulante oral para no tener que acudir cada mes al centro de salud y así evitar riesgos.

Martínez expone que durante la pandemia, un paciente que debutaba por una fibrilación auricular o que tenía mal control del SINTROM lo podían cambiar a ACOD. Esto era posible ya que el visado se había flexibilizado. “Si se revocan estas medidas, estos pacientes corren el riesgo de que les tengan que cambiar el tratamiento, lo que habría que ver si es legal, pero ético desde luego no”.

Otra solución que aumentaría la autonomía de los anticoagulados sería  incluir el sistema de autocontrol con coagulómetros portátiles para anticoagulados con AVK en la Cartera de Servicios del SNS.