Que el impacto medioambiental tiene una repercusión en la salud está más que demostrado, pero este impacto no parece afectar igual a todas las poblaciones. Es por ello que, con motivo de la Cumbre del Clima, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha querido recordar que la población infantil es la más vulnerable. En concreto, calculan que los niños soportan hasta el 88 por ciento de la carga de enfermedad atribuible a la crisis derivada del cambio climático.

Asimismo, desde el Comité de Salud Medioambiental de la Asociación (CSM-AEP), han identificado hasta un total de 9 amenazas ecosistémicas para la salud medioambiental de la infancia: Crisis del clima, contaminación del aire y suelo, el agua de bebida contaminada, los mares enfermos, la deforestación-disertificación, las drogas legales-ilegales, contaminación de alimentos y malnutrición, la falta de contacto con la naturaleza y la pobreza/injusticia ambiental.

En palabras de Juan Antonio Ortega, coordinador del CSM-AEP, “todos los niños, independientemente de donde vivan, se ven afectados por peligros ambientales. La especial vulnerabilidad de la infancia a los efectos del cambio del clima surge de su mayor susceptibilidad biológica durante la etapa fetal e infantojuvenil a la acción de estos contaminantes. La lucha por el control de la contaminación y la mitigación del cambio climático se ha separado artificialmente, pero es la misma”.

De esta forma, la Asociación Española de Pediatría insta a mejorar la investigación y formación en salud medioambiental de los pediatras y enfermeros de España y a la puesta en marcha de nuevas estructuras que unan Salud y Medioambiente como las Unidades Clínicas de Salud Medioambiental Pediátrica. “Necesitamos nuevos perfiles profesionales preparados para responder la relación entre salud infantil y el medioambiente”, asegura Ortega.

Desafíos a afrontar

Por otra parte, desde el CSM-AEP aportan q señalan 5 desafíos a los que se enfrenta los sistemas sanitarios por el cambio del clima son: crecimiento de las enfermedades crónicas, costes insostenibles de las enfermedades y desigualdades, el agotamiento de los recursos naturales/pérdida de biodiversidad, envejecimiento de la población y crecimiento urbano y los cambios en la relaciones humanas.

La primera idea al respecto es que el patrón cambiante de las enfermedades ambientales requiere un abordaje y un enfoque más creativo. En este sentido consideran que las nuevas tecnologías de sensorización y biomonitorización mejorarán la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, a la vez que disminuirán la carga de enfermedades crónicas medioambientales. Asimismo, la sensorización de los ecosistemas, la biomonitorización clínica y las plataformas digitales crearán modelos sanitarios eficientes e innovadores. La clave será, por otra parte, entender cómo esto transforma la vida de los niños.