La jornada ‘Ampliando horizontes en fracturas por fragilidad’ se ha centrado en el análisis del impacto de la COVID-19 en las fracturas por fragilidad y los pacientes que las sufren. Esta estaba organizada por Grünenthal con el aval de SEIOMM, SER y SEFRAOS. Uno de los datos de las mismas es que se prevé un aumento de un 28 por ciento de las facturas por fragilidad para 2025.  En concreto, el número anual de fracturas por fragilidad pasarán de 3,5 millones en 2010 a 4,5 millones en 2025.

Este aumento de las facturas por fragilidad depende de los cambios demográfico de la población. Por ello, además en cuanto al futuro de la atención a estos pacientes, destaca la importancia de las medidas no farmacológicas. Esta cuestión era abordada por Manuel Sosa, responsable de la Unidad Metabólica Ósea del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria. “También es importante prescribir una serie de hábitos como caminar, evitar las caídas, dieta equilibrada, no fumar, etc.”.

Para todo ello es necesaria la progresiva adopción del concepto de abordaje multidisciplinar. En este sentido es clave la colaboración en los hospitales entre Geriatría, Medicina Interna, Reumatología y Rehabilitación.

Fracturas por fragilidad en pandemia

La atención a estos pacientes se vio resentida durante los meses más graves de la pandemia, con una limitación de la relación médico-paciente. Durante los meses de confinamiento, según los expertos, se han pospuesto terapias intravenosas que eran administradas en hospital. Así lo afirmaba Hilda Godoy, especialista en Reumatología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid.

“Se han pasado tratamientos a terapias orales o subcutáneas de administración domiciliaria”. Esta especialista añade, no obstante, que la situación ha mejorado de forma progresiva en cuanto a las fracturas por fragilidad. “Se ha combinado la teleconsulta con las consultas presenciales para poder diagnosticar y tratar sin demora a los pacientes”, ha concluido.