A la hora de manejar ciertas patologías es clave sopesar las indicaciones de las guías de práctica clínica con la experiencia adquirida. Está claro que las guías clínicas tienen un papel relevante como herramientas de apoyo y mejora de la práctica clínica diaria y su beneficio es indiscutible, ya que no aplicarlas se relaciona con una peor evolución. La práctica corrobora que su implantación reduce la morbimortalidad.

La mayor parte de los especialistas suelen seguir las indicaciones de las guías terapéuticas a la hora de elegir el tratamiento, aunque puede ocurrir que en algunos casos pacientes con factores determinados puede tratarse con otra opción terapéutica, pero normalmente se siguen las pautas marcadas por dichas guías. Es importante la uniformidad de criterio a la hora de evaluar al paciente y elegir el tratamiento a seguir. El envejecimiento de la población, la elevación del coste en la atención, variaciones frecuentes en la práctica y aumento rápido en la generación de información de métodos diagnósticos y terapéuticos también influyen a la hora de utilizarlas.

Normalmente, se opta por las guías españolas ya que la visión de la patología es más global y completa, además de que están adaptadas al medio. Así, patologías prevalentes como la hipertensión, diabetes, dislipemia u obesidad precisan de criterios establecidos y aceptados uniformes para establecer factores de riesgo de desarrollo de dichas patologías, categorizarlas y tratarlas adecuadamente.

Actualización

Hay que tener en cuenta que a la hora de utilizar las GPC uno de los inconvenientes más frecuentes es la falta de actualización y la falta de tiempo imperante en Atención Primaria. Así y todo, las guías clínicas son instrumentos que han surgido por la necesidad de homogeneizar o normalizar la práctica de la medicina por varias razones, entre las que se encuentra el alto coste de la sanidad, evitar una asistencia inapropiada al paciente, favorecer la transmisión y difusión de los avances científicos y evitar la amplia variabilidad de la asistencia clínica. De hecho, no se toma con la misma seguridad una decisión clínica sí se sabe que está avalada por una buena evidencia científica, que si lo está por una evidencia científica limitada o sólo por la opinión de un experto.

La información que se utiliza para la elaboración de las guías es, fundamentalmente, la de los ensayos clínicos, aunque su interpretación por parte de los comités elaboradores hace que los resultados, en ocasiones, puedan ser criticables. Hay que tener en cuenta que en las guías no se van a encontrar todas las respuestas a las preguntas que surjan en la práctica diaria.

Guías locales

En cuanto a las guías locales, los especialistas destacan que son de ayuda, ya que están realizadas por buenos profesionales. Lo óptimo es alternar estas guías locales con guías nacionales o internacionales, ya que te ofrecen una visión mas exacta de la patología que se está tratando. Estas guías generalmente aportan directrices basadas en criterios de evidencia y eficiencia en el que se incluye el proceso de selección de medicamentos, aunque pueden sean algo rígidas y tarden en actualizarse.

Las guías locales más utilizadas son la escala REGICOR, la guía GEDAPS y la del ICS. La primera ayuda a determinar el riesgo cardiovascular, con variables como edad, sexo, valores de la tensión arterial, colesterol total y LDL, tabaquismo y diabetes. A dichas variables se les asigna puntuaciones para determinar el riesgo de muerte por patología cardiovascular a 10 años, siendo valores superiores a 10% los que se consideran de alto riesgo y son los que se deben tratar para prevenir el incremento de la morbimortalidad. La ventaja fundamentas es que están diseñadas por consenso de expertos para ser utilizada en la población local, abarcando todos dos aspectos socio-demográficos que esto conlleva, siendo bastante adecuadas para la prevención de patología cardiovascular.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Medicina de Familia Jaime Montal Codina, Teresa Genover Limona y J Mª Abella Grau, de Barcelona; los especialistas en Medicina General Joan Llach, Jordi Sanglas, Jordi Florez y Pilar Orellana, de El Plà del Penedès, y Josep Maria Sala Medico, Manuel Fernando Noguera Franco, Rolando Arsmitano Ochoa Ione Veronica Mejía Ganoza, de Pineda del Mar.