Factores biológicos, sociales y educaciones hacen que las mujeres con diabetes reciban una atención médica distinta y un tratamiento desigual a los hombres, lo que impacta sobre el pronóstico de la enfermedad y los resultados en salud. Así se ha puesto de manifiesto esta mañana en la presentación de la mesa redonda ‘Cardio-Diabetes y mujer’ que reunirá el 8 de marzo a especialistas de toda España en Endocrinología y Cardiología y que se retransmitirá en streaming.

Las mujeres con diabetes tipo 2 tienen 10 veces más de probabilidades de padecer una enfermedad cardiovascular, ha señalado Almudena Castro, responsable del Grupo de Diabetes de la Sociedad Española de Cardiología y jefa de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital Universitario La Paz, de Madrid.

Aparte de los propios condicionantes metabólicos de la mujer, el hecho de desarrollar un papel de cuidadoras de familiares o de afrontar los síntomas de una manera distinta a los hombres son factores que influyen en que lleguen más tarde que los hombres a las consultas médicas, que se sometan a menos pruebas diagnósticas o que abandonen la medicación con más frecuencia, ha apuntado esta experta. “Una mujer identifica un dolor en el pecho y piensa que es estrés o ansiedad, lo que puede retrasar la visita al médico”, explica.

Estos elementos comportan que las complicaciones de salud sean peores en las mujeres con diabetes, que tengan un 30% más de posibilidades de sufrir ictus, con el mismo tratamiento, un 154% más de riesgo de enfermedad coronaria o un 44% más de desarrollar una enfermedad renal.

“No tengo la sensación de hacer una Medicina sexista, pero los datos son objetivos y están ahí”, ha afirmado Esteban Jódar, jefe del Departamento de Endocrinología y Nutrición de los Hospitales Quirón Salud Pozuelo, Ruber Juan Bravo y San José. Este especialista coincide con Castro en que se trata peor al género femenino, ya sea en consultas de Endocrinología, Cardiología o Medicina Interna. Así lo demuestran estudios internacionales que revelan por ejemplo, que a las mujeres se les prescriben menos hipolipemiantes y antiagregantes.

Aunque reconoce que los propios clínicos deben modificar la aproximación a las mujeres, también considera que ellas mismas deben tomar conciencia de su enfermedad y ser más combativas a la hora de reclamar sus derechos sanitarios y también hacerse más corresponsables con su salud.

Además, en el abordaje de esta enfermedad, hay que tener en cuenta que las mujeres son más vulnerables en ciertas etapas de su vida, como en la adolescencia y el embarazo, debido al riesgo de diabetes gestacional. Esta debe ser un “farolillo rollo” que indique que durante el resto de su vida va a tener que vigilar este aspecto, según remarcó Castro, puesto que el 50% de mujeres con diabetes gestacional acaba desarrollando diabetes tipo II.

Durante la etapa de la menopausia también hay que estar más alerta, debido a que la pérdida de estrógenos por el cambio hormonal deje de proteger a la mujer frente las enfermedades cardiovasculares. En relación a todo esto, hay que tener en cuenta también que las mujeres tienden más a la obesidad y el sedentarismo, factores de riesgo para padecer diabetes. “Se produce una tormenta perfecta de factores que hace que la realidad sea tozuda y que tengamos que hacer algo para cambiarla”, subrayó Jódar.