Las personas con esófago de Barrett tienen receptores del SARS-CoV-2 en el tracto gastrointestinal superior, según ha evidenciado un equipo de investigadores de la Universidad de Washington (Estados Unidos) en un estudio publicado en la revista ‘Gastroenterology’.

En concreto, los expertos han observado que, aunque las células en un esófago sano no pueden unirse al virus SARS-CoV-2, las células esofágicas de pacientes con Barrett tienen receptores para el virus y esas células pueden unirse y ser infectado por el virus que causa COVID-19.

“Aún no hay evidencia de que las personas con esófago de Barrett tengan tasas más altas de COVID-19 o tengan un riesgo mayor, pero parte de la razón es que eso no se ha estudiado”, han explicado los investigadores.

El tratamiento médico estándar para los pacientes con esófago de Barrett consiste en suprimir las secreciones de ácido gástrico con fármacos como, por ejemplo, los inhibidores de la bomba de protones. Al reducir la acidez del estómago, esos medicamentos pueden hacer posible, inadvertidamente, que el virus pase a través del estómago y llegue al intestino, donde incluso las células normales y sanas transportan receptores para el SARS-CoV-2.

Muchos pacientes con COVID-19, la mayoría de los cuales lo contraen al inhalar las partículas virales, desarrollan síntomas gastrointestinales como dolor abdominal y diarrea. El virus también se ha encontrado en las heces de pacientes con COVID-19, si bien este nuevo estudio demuestra que, en las circunstancias adecuadas, el virus también puede tener un impacto en la parte superior del tracto gastrointestinal.

Como resultado, los expertos creen que las células esofágicas de los pacientes de Barrett son posibles puertas de entrada para la infección.
“Se puede imaginar que, si alguien ya tiene niveles bajos del virus en su tracto respiratorio, esa persona podría tragar algunas secreciones respiratorias y el virus podría infectar células en el esófago para enfermarlo más de esa manera”, han dicho los expertos.

En este estudio, los investigadores analizaron tejido de 30 pacientes con esófago de Barrett y encontraron que todas las células de las muestras de tejido tenían receptores para el virus SARS-CoV-2, del cual carecen las células normales del esófago. Construyeron y cultivaron mini órganos a partir de esas y otras muestras de tejido del esófago.

Los científicos construyeron los mini esófagos, llamados organoides, en un plato para aprender cómo esos órganos modelo interactuaban con el virus SARS-CoV-2, comprobando que se podía unir e infectar en aquellos creados con tejido de personas con esófago de Barrett. Además, cuanto más se asemejan al intestino las células del cultivo de mini esófago de un paciente específico, más se une el virus a ese cultivo y lo infecta.