Tener un estilo de vida poco saludable y, sobre todo, la obesidad son factores de riesgo que aumentan el riesgo de padecer diabetes tipo 2 (DMT2). De hecho, una persona obesa presenta hasta seis veces más posibilidades de desarrollar la enfermedad, lo que significa que es un factor mucho más determinante que incluso la predisposición genética, que multiplica por 1,8 este riesgo.

Esta es la conclusión a la que llega un estudio que, liderado por Hermina Jakupović, de la Universidad de Copenhague (Dinamarca), ha contado también con la participación de profesionales de la Universidad de Aarhus y del Hospital Universitario de Aalborg. Titulado ‘La obesidad y el estilo de vida desfavorable aumentan el riesgo de diabetes tipo 2 independientemente de la predisposición genética’, el trabajo ha sido presentado en la reunión anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), celebrada el pasado mes de septiembre en Barcelona.

Los autores parten de la premisa de que la predisposición genética, la obesidad y un estilo de vida desfavorable tienen un papel importante en la etiología de la DMT2, “un trastorno cada vez más común que contribuye de manera muy principal a la cifra global de enfermedades en el mundo”. Ante esta situación, la estrategia principal para prevenir la DMT2 consiste en la promoción de un estilo de vida saludable, lo que está dando sus frutos como certifica que “se ha demostrado que las intervenciones en el estilo de vida diseñadas para perder peso retrasan la aparición de la diabetes tipo 2 entre los sujetos de alto riesgo”.

Pese a esta evidencia, los efectos de los factores del estilo de vida y de la obesidad en el riesgo de DMT2 pueden variar entre las personas según la predisposición genética. Por ello, los investigadores han intentado con este trabajo comprender mejor la interacción entre estos tres factores en el desarrollo de la enfermedad, analizando si los efectos de los dos primeros son independientes del riesgo genético.

Para ello, han aplicado modelos estadísticos a una muestra de casos de 9.556 hombres y mujeres de la cohorte prospectiva danesa de Dieta, Cáncer y Salud, con el resultado de que el 49,5% de los participantes desarrolló diabetes tipo 2 durante los siguientes 12 años. Eso sí, se constató que la adherencia a un estilo de vida favorable y el peso normal disminuyeron el riesgo de DMT2 independientemente de la predisposición genética.

En cambio, se comprobó que la obesidad aumentó el riesgo de diabetes tipo 2 casi seis veces más (5,8) en comparación con individuos no obesos. Por su parte, una alta predisposición genética y un desfavorable estilo de vida implican un riesgo “relativamente modesto” de padecer la enfermedad: las posibilidades aumentan 1,8 veces en el primer caso y 1,2 en el segundo.

A la hora de analizar los resultados, un estilo de vida favorable se definió como tener tres de los siguientes factores: no fumar, un consumo moderado de alcohol, una actividad física regular y una dieta saludable. En cambio, se considera que se lleva un modo de vida poco saludable si solo se da uno o ninguno de estos factores. Por lo que respecta a la predisposición genética, se evaluó otorgando una puntuación de riesgo a 213 loci genéticos fuertemente asociados con DMT2. Los resultados, reiteran los autores, son concluyentes: “Las personas con un estilo de vida pobre y obesidad tienen un mayor riesgo de DMT2, independientemente de su riesgo genético”.