Un estudio del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos) publicado en la revista ‘Journal of the American Medical Association’ ha evidenciado que las reacciones anafilácticas a las vacunas contra la COVID-19 basadas en ARNm, como las de Pfizer o Moderna, son bastante poco comunes.

Casi inmediatamente después de que se autorizara el uso de emergencia de las primeras vacunas contra la COVID-19 basadas en ARNm y de que se administraran a personas ajenas a los ensayos clínicos, los casos de anafilaxia suscitaron una amplia preocupación entre los expertos y los ciudadanos.

Las vacunas de ARNm son las primeras de este tipo y tienen una eficacia y seguridad notables en todas las poblaciones. Es fundamental disponer de información precisa sobre las reacciones alérgicas a estas vacunas, no sólo por nuestra situación actual, sino también porque esta nueva plataforma de vacunas es muy importante para las futuras respuestas a las pandemias”, explica la autora principal, la doctora Kimberly Blumenthal.

Incidencia de anafilaxia

Con esto en mente, estos investigadores decidieron documentar cuidadosamente todas las reacciones alérgicas, incluida la anafilaxia, una vez que comenzaron a vacunar a los empleados en este centro estadounidense. El equipo analizó las encuestas de los empleados para estimar la incidencia de las reacciones alérgicas tras las vacunas de ARNm y utilizó múltiples métodos de vigilancia para identificar la verdadera incidencia de la anafilaxia.

Los investigadores señalaron que, aunque la incidencia de anafilaxia era mayor que la estimada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), que situaban la tasa entre 0,025 y 0,11 por cada 10.000 vacunas, seguía siendo “excesivamente baja” y debería tranquilizar sobre todo a las personas con antecedentes de alergia a alimentos o medicamentos.

“La única exclusión de alergia para la vacunación fue un episodio previo de anafilaxia a un ingrediente inactivo de la vacuna, llamado polietilenglicol, o a un ingrediente inactivo de reacción cruzada llamado polisorbato. “Otro aspecto importante de nuestro estudio es que todos nuestros casos de anafilaxia se recuperaron: ninguno tuvo un shock anafiláctico ni requirió un tubo de respiración, ni siquiera temporalmente”, concluye otra de las autoras, Paige Wickner.