La alimentación por sonda nasogástrica en pacientes con demencia avanzada y grandes dificultades para tragar “no ha demostrado científicamente” ofrecer beneficios en mejorar el estado nutricional, ni prolongar la supervivencia o mejorar la calidad de vida en dichos pacientes, y puede producir incomodidad al enfermo y riesgos como la aspiración pulmonar del alimento.

Así lo ha manifestado la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) en un comunicado en relación a los casos de personas con enfermedad de Alzheimer avanzada que presentan dificultades para la deglución. En su opinión, la utilización de sonda nasogástrica en este contexto es “un tratamiento fútil”, y no recomienda su uso.

En referencia a las órdenes judiciales indicando su uso, como en el caso de Guillermina Freniche, una mujer de 78 años en estado de Alzheimer avanzado sometida a nutrición por sonda nasogástrica por orden judicial, para la Sociedad “idealmente, la decisión de colocar o no una sonda nasogástrica debería realizarse de forma consensuada entre los familiares y/o el tutor legal del paciente y el personal sanitario responsable de sus cuidados, valorando todos los aspectos mencionados. El debate que incluye las dudas, inquietudes y miedos que estas decisiones generan en las fases últimas de la vida es necesario y recomendable”.

La SEGG considera que las decisiones de alimentación en estos pacientes “deben realizarse de manera cuidadosa en cada caso individual, considerando los conocimientos científicos mencionados, los valores y preferencias que la persona pudo haber expresado durante su vida y la opinión de las principales personas cuidadoras”.

En cualquier caso, señalan que, al igual que con otros tratamientos paliativos o decisiones médicas, la decisión de implantar una sonda nasogástrica “no es definitiva”. “Su continuidad o no debe ser reevaluada continuamente según la evolución del paciente”.