Las Unidades de Hospitalización a Domicilio (HaD) se han mostrado como una herramienta muy eficaz durante la pandemia. Estas unidades han triplicado su actividad, jugando un papel clave para la no saturación del sistema hospitalario, liberando camas en los hospitales. Incluso han sido claves para la gestión de forma total o parcial los hoteles medicalizados. Así se ha puesto de manifiesto durante la sesión técnica “El Hospital en Casa. Un futuro de calidad”.

Sobre esta cuestión se ha manifestado Eulalia Villegas Bruguera, jefa del Servicio de Hospitalización a Domicilio Dos de Mai. La experta ha explicado que los ingresos en las HaD se han llevado a cabo desde los diferentes dispositivos hospitalarios (planta, Servicios de Urgencias u Hospitales de Día). Algunas Unidades de hospitalización a domicilio, a demanda de su territorio, también han asumido el seguimiento de pacientes diagnosticados asintomáticos o con síntomas leves. En concreto, llevando a cabo el control telefónico en su domicilio.

Pese a ello, la realidad es que su actividad e implementación en el territorio nacional había venido siendo dispar desde 2006. Todavía existen comunidades autónomas como Extremadura o Castilla La Mancha que no cuentan con ninguna.

Desigualdad en las Unidades de hospitalización a domicilio

Las Unidades de hospitalización a domicilio están preparadas para proporcionar  atención especializada de rango hospitalario. Están destinadas a los pacientes para los cuales el mejor lugar terapéutico para su estado de enfermedad es su propio domicilio. De esta forman aportan, por una parte, eficacia y ahorros importantes en muchas patologías al SNS. Por otra, altísimos grados de satisfacción a los pacientes y a sus familias.

Pese a ello, su expansión desde el 2006 ha sido dispar en el territorio nacional. Así, comunidades autónomas como Comunidad Valenciana, Cataluña, Galicia o País Vasco cuentan con 25, 24, 15 y 11 unidades respectivamente. Otras comunidades no cuentan con ninguna. Aun así, ha habido un incremento de unidades continuo y acusado durante los últimos años.

En este sentido, es necesario un modelo homogéneo aplicable a nivel nacional. También un sistema de acreditación que defina las competencias de los profesionales que trabajan en estas unidades. Por último, unos criterios comunes de medición de resultados conforme a unos estándares e indicadores.