¿Cuáles son los efectos secundarios de las vacunas COVID-19 y por qué se dan más en unas personas que en otras?

Los efectos secundarios habituales tras la recepción de las vacunas COVID-19 son similares a los reportados tras las vacunas sistemáticas: locales como dolor, enrojecimiento e hinchazón y sistémicos como dolor de cabeza, cansancio, dolor muscular y articular y fiebre. La duración es de pocas horas y desaparecen espontáneamente, aunque si estas manifestaciones son de entidad se puede recurrir a medicación analgésica. En situaciones excepcionales aparecen reacciones no habituales como trombosis venosas y arteriales, reacciones anafilácticas. En general, es la idiosincrasia individual la que condiciona la mayor o menor frecuencia de esa sintomatología.

Entre los bulos informativos está el que dice que las vacunas de ARN cambian el ADN, ¿qué sucede en realidad?

En el caso de las vacunas de ARN mensajero, este, cuando penetra en las células del humano, transcribe la información genética que transporta (para la síntesis de la proteína S del virus pandémico) en el citoplasma. Difícilmente puede modificar o integrarse en el ADN cuando este se encuentra en el núcleo.

¿Pueden tener las vacunas contraindicaciones en algunos grupos de riesgo, como personas trasplantadas, con problemas pulmonares o infectados por VIH?

Los ensayos clínicos no incluyen en las tres primeras fases a personas con inmunosupresión o con enfermedades graves. Una vez autorizado su uso por la autoridad regulatoria para personas sanas de 18 a 65 años, comienzan los ensayos con individuos con esas patologías. Es por ello que antes de ese momento solo se administran bajo evaluación individual del riesgo/beneficio por parte del facultativo encargado del caso.

¿Hay novedades en la evaluación de los efectos en niños y en embarazadas?

Hace unos días la FDA norteamericana y la EMA europea autorizaron el uso de la vacuna de la farmacéutica BioNTech/Pfizer en adolescentes de 12 a 16 años una vez que se comprobó la seguridad, la respuesta inmune y la eficacia de la vacuna en ese grupo de población. La Comisión de Salud Pública a instancias del Grupo de Trabajo para la elaboración de las estrategias de vacunación decidió su vacunación una vez que se hubiera completado la de los de 20 a 29 años.

Una vez se ha dispuesto de datos de seguridad de la vacuna en embarazadas se ha autorizado por parte de la Comisión de Salud Pública su uso una vez que se lleve a cabo la vacunación de las personas de su grupo de edad.

¿Si se ha pasado la infección, ¿es necesario administrar vacuna?, ¿es suficiente una dosis?

Aunque son infrecuentes las reinfecciones, se ha comprobado cómo en las personas que han padecido la enfermedad, una dosis de vacuna induce una potente respuesta inmune. En los de 65 o más años se recomienda administrar dos dosis en cualquier momento desde la convalecencia y en los menores de esa edad solo se precisa una dosis a administrar a los seis meses desde el diagnóstico.

¿Y si esa persona que ha padecido la enfermedad ya no se pone la primera dosis?, ¿si lo ha pasado habría generado anticuerpos y estaría protegido?

No todas las infecciones desencadenan una respuesta inmune robusta, especialmente las asintomáticas/paucisintomáticas. Es por ello que con una dosis de vacuna nos aseguramos unas buenas respuestas inmunes humorales y celulares.

Se empieza hablar de tercera dosis, ¿qué puede decirnos al respecto?

Se desconoce la duración de la protección tras recibir la vacuna y, por tanto, se desconoce si hace falta y cuándo una tercera dosis. De momento hay que vigilar estrechamente la circulación de las variantes y su neutralización por las vacunas en uso. Quizás se podría plantear con carácter sistemático en los más vulnerables (muy mayores e inmunodeprimidos, entre otros).

¿Cómo sabemos que no habrá efectos secundarios a medio y largo plazo?

Para controlar los efectos secundarios a medio y largo plazo, el seguimiento de los participantes de los ensayos clínicos se mantiene hasta los 18- 24 meses y las agencias regulatorias, entre ellas la Agencia Europea del Medicamento, llevan a cabo los programas de farmacovigilancia mediante el análisis de las “tarjetas amarillas”. Estos datos se unen a los que otras agencias remiten a la Organización Mundial de la Salud para un análisis a escala mundial.

Vaxzevria ha presentado un nuevo efecto adverso, la fuga capilar. ¿Qué demos tener en cuenta?

El comité ad hoc de la Agencia Europea del Medicamento ha concluido que el síndrome de fuga capilar sistémica se debe añadir a la ficha técnica como una posible reacción adversa a esa vacuna. Ello implica que mantiene una vigilancia especial para intentar asociar/descartar una asociación causal.

¿Hacia dónde cree que se dirigirán los esfuerzos en los próximos años en materia de vacunas?

No cabe duda de que las plataformas vacunales que se están utilizando en la pandemia suponen un cambio radical en el arsenal preventivo. Las vacunas de ARN mensajero son capaces de vehiculizar los antígenos de varios patógenos y, además, pueden estar disponible en un tiempo récord.

¿Algo más que añadir?

Solo comentar que el ritmo actual de vacunación es bastante bueno, que la aceptación de la población es muy alta y que las vacunas son las grandes responsables de que se comience a vislumbrar el futuro con optimismo.