Las vacunas  son “notablemente seguras”, según los resultados de un estudio de cohorte que se publican en ‘Annals of Internal Medicine‘ y que llega a esta conclusión tras una revisión exhaustiva de los datos sobre las vacunas durante un período de 20 años.

Una gran proporción de los problemas de seguridad se identificaron a través de los programas de vigilancia posterior a la comercialización y tuvieron una importancia clínica limitada.

Las vacunas se consideran uno de los mayores logros de la salud pública moderna, salvando innumerables vidas y eliminando enfermedades que alguna vez fueron prevalentes, como paperas, sarampión y poliomielitis. La actual pandemia de COVID-19 es un recordatorio de la vida con enfermedades infecciosas contagiosas sin una vacuna efectiva.

Estudios de seguridad

Desde el Centro Médico Sourasky de Tel Aviv, en Israel, se llevó a cabo el estudio de las etiquetas iniciales y posteriores de 57 vacunas  aprobadas por la FDA entre enero de 1996 y diciembre de 2015 para explorar las modificaciones de seguridad posteriores a la comercialización en las etiquetas aprobadas por la Administración de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA).

Los investigadores agregaron cientos de miles de informes del Sistema de Informes de Eventos Adversos de Vacunas (VAERS) de la FDA después de cientos de millones de vacunas administradas para su estudio.

Encontraron 58 modificaciones de etiquetas relacionadas con la seguridad posteriores a la aprobación asociadas con 25 de ellas. El problema de seguridad más común que provocó modificaciones en la etiqueta fue la restricción de la vacunación para poblaciones específicas, como pacientes inmunocomprometidos o lactantes prematuros, seguido de alergias.

La mayoría de los nuevos datos de seguridad se identificaron a través de VAERS, subrayando la calidad de la vigilancia posterior a la comercialización de la FDA de los efectos secundarios.

Según los investigadores, estos hallazgos no respaldan las dudas sobre las vacunas sino más bien todo lo contrario, es decir, que demuestra que las vacunas son seguras y que la vacunación pública debe seguir siendo una estrategia importante de salud pública.