La leche materna está considerada como el mejor alimento que puede recibir un recién nacido. Contiene la cantidad exacta de grasa, azúcar, agua y proteína que un bebé necesita para crecer y desarrollarse, y es mejor digerida por éste que cualquier otro tipo de leche o alimento. Pero no es sólo su composición, sino también el vínculo afectivo que se establece entre la madre y su bebé amamantado es lo que la convierte en el mejor alimento del mundo para un bebé. La leche de vaca y otros mamíferos, los preparados para lactantes, la leche en polvo, las bebidas azucaradas, el agua y las papillas de cereales no pueden competir con ella en calidad.

Datos de UNICEF revelan que el bebé amamantado con leche materna no precisará ningún otro alimento ni bebida durante este período. Incluso en climas secos y calurosos, la leche materna es suficiente para satisfacer las necesidades de líquidos de un lactante.

Máxima protección

La leche materna proporciona al recién nacido su primera “inmunización”. Posee anticuerpos que contribuyen a protegerlo contra los virus y las bacterias. La máxima protección se consigue cuando se alimenta al bebé exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida y se le sigue amamantando hasta bien entrado el segundo año.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) abunda por su parte en que la leche materna, amén de contener todo lo que el niño necesita durante los primeros meses de la vida, protege al bebé frente a muchas enfermedades tales como catarros, bronquiolitis, neumonía, diarreas, otitis, meningitis, infecciones de orina, enterocolitis necrotizante o síndrome de muerte súbita del lactante, pero también lo protege de enfermedades futuras como asma, alergia, obesidad, enfermedades inmunitarias como la diabetes, la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa y arterioesclerosis o infarto de miocardio en la edad adulta, a la par que favorece el desarrollo intelectual.

La Academia Estadounidense de Pediatría ha señalado recientemente que algunos estudios sugieren que los bebés que no son amamantados tienen tasas más altas de síndrome de muerte súbita en su primer año de vida.

La importancia de ofrecer el pecho de forma precoz

Es importante que al niño se le ofrezca el pecho precozmente, a ser posible en la primera media hora tras el parto. Después de la primera hora, el recién nacido suele quedar adormecido unas horas. Durante este tiempo, es recomendable que el bebé permanezca junto a su madre aunque no muestre interés por mamar, y que se estimule el contacto piel con piel entre ambos. Así, puede ofrecerse el pecho tan pronto como se observe que el niño está dispuesto a mamar (movimientos de la boca buscando el pezón…) y no solamente cuando llore. El llanto es un signo tardío de hambre.

Cualquier mujer puede ser capaz de alimentar a su hijo sólo con su leche. La diferencia entre unos pechos grandes o pequeños, prácticamente, es la cantidad de grasa que contienen y no es indicativo de la cantidad de leche que pueden producir. Por otra parte, las causas que contraindican la lactancia materna (algunas enfermedades o medicamentos) son muy raras, casi excepcionales. Hoy en día, casi todas las enfermedades maternas tienen algún tratamiento que se puede seguir sin tener que suspender la lactancia.

Según la AEP, el principal estímulo que induce la producción de la leche es la succión del niño, por lo tanto, cuantas más veces se agarra el bebé al pecho de la madre y cuanto mejor se vacía éste, más leche se produce. En el caso de gemelos, el estímulo de la succión será doble y por tanto habrá doble producción de leche.

La cantidad se ajusta a lo que el niño toma y a las veces que vacía el pecho al día. La calidad también varía con las necesidades del niño a lo largo del tiempo. Durante los primeros días, la leche es más amarillenta (calostro) y contiene mayor cantidad de proteínas y sustancias antiinfecciosas; posteriormente aparece la leche madura. Su aspecto puede parecer “aguado” sobre todo al principio de la toma, ya que es hacia el final de la misma cuando va aumentando su contenido en grasa. Sin embargo, no existe la leche materna de baja calidad; ésta siempre es adecuada al bebé y es todo cuanto necesita.

El tiempo que cada bebé necesita para completar una toma es diferente y también varía según su edad y de una toma a otra. Lo ideal es que la toma dure hasta que sea el bebé quien se suelte espontáneamente del pecho. En cuanto a la frecuencia, actualmente se aconseja dar “a demanda”, es decir, siempre que el bebé lo solicite, con independencia del tiempo transcurrido desde la última toma.

Algunos niños obtienen cuanto necesitan de un solo pecho y otros toman de ambos. En este último caso, es posible que el niño no vacíe completamente el último, por lo que la toma siguiente deberá iniciarse en éste. Lo importante no es que el niño mame de los dos pechos sino que se vacíe completa y alternativamente cada uno de ellos, para evitar que el acúmulo de leche pueda ocasionar el desarrollo de una mastitis (inflamación de la glándula mamaria) y para que el cuerpo de la madre acople la producción de leche a las necesidades de su hijo.

Y si no puedo amamantar…

La decisión de amamantar o alimentar al bebé con biberón es para la mujer muy personal y está basada en numerosos factores, que incluyen experiencias personales o familiares, si piensa o no reincorporarse al trabajo, si tiene dificultades para amamantar debidas a condiciones de salud y si el bebé tiene necesidades especiales. Si opta por dar el biberón, la elección son las leches maternizadas de iniciación o continuación, que proveen de los nutrientes necesarios para una alimentación correcta, si bien no pueden competir con la leche materna, especialmente por la composición de esta última en hormonas y anticuerpos, tan beneficiosos para los bebés.

Por otra parte, las leches de continuación son la única manera segura de proporcionar una nutrición adecuada al bebé después de destetarlo, si éste tiene menos de un año de edad.

En el caso de decidir dar biberón, consulte con su pediatra o su farmacéutico. Ellos le aconsejarán sobre la leche indicada para las necesidades del niño, así como de los requisitos de dosificación, preparación y conservación adecuados.