Vifor Pharma ha presentado el lanzamiento en España de ‘Veltassa’ (patiromer), el primer fármaco novedoso para tratar la hiperpotasemia crónica en 60 años, según ha explicado la compañía, cuyos pacientes más afectados por esta alteración metabólica (por encima del 47 por ciento) son los que padecen enfermedad renal crónica (ERC) e insuficiencia cardiaca (IC).

Desde el punto de vista nefrológico, el doctor Enrique Morales, nefrólogo del Hospital 12 de Octubre, apunta: “al progresar la insuficiencia renal se produce un descenso del filtrado glomerular y se produce un problema en el manejo y la excreción del potasio, concretándose en un incremento del mismo (hiperpotasemia)”. Explica que, ante esta situación, los nefrólogos se han visto “con muy pocas posibilidades de tratamiento”; hasta ahora, al paciente con hiperpotasemia se le indicaba una dieta baja en potasio y se empleaban unas “resinas, que hace más de 50 años aparecieron en el mercado, sin alternativa”.

“Lo más preocupante”, continúa Morales, es que, además, se tenían que disminuir o suspender unos “fármacos fundamentales” como son los inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, iSRAA, (fármacos como IECA, ARA-II, ARM o ARNi), terapias que son utilizadas frecuentemente por su perfil nefro y cardioprotector.

En este sentido, la doctora Marta Cobo, cardióloga del Hospital Puerta de Hierro Majadahonda, señala que los iSRAA “bloquean una serie de sistemas que ayudan a un correcto funcionamiento del corazón, pero como contrapartida pueden aumentar el potasio. Y este posible incremento nos limita a la hora de ajustar de manera óptima los iSRAA”. En concreto, las guías de práctica clínica recomiendan reducir o parar el tratamiento con los inhibidores de la ECA, los ARA II y los ARM cuando la concentración sérica de potasio es >5,5 mEq/l.

Por su parte, el doctor Pau Llacer, especialista en Medicina Interna del Hospital de Manises, argumenta que, al planteárseles esta situación, las medidas de las que disponían para afrontarla “eran muy limitadas”. Ante la falta de alternativas, los especialistas, recuerda el doctor Llacer, optaban por “disminuir o retirar los fármacos modificadores de la enfermedad debido a los elevados niveles de potasio”.

Esta reducción o suspensión de tratamiento es especialmente importante si se tiene en cuenta que se asocia con peores resultados clínicos y que pueden estar vinculados a una multiplicación por dos del riesgo de mortalidad.

Los tres especialistas coinciden desde sus distintos enfoques de abordaje, tanto de la enfermedad renal crónica como de la insuficiencia cardiaca, en que es un “fármaco seguro, eficaz y bien tolerado, con menos efectos secundarios”, lo que se espera permita una mejora en la adherencia de los pacientes al mismo para el tratamiento de la hiperpotasemia crónica o persistente. Un aspecto, este último, “muy importante” a juicio de los expertos, ya que se trata en un gran porcentaje de pacientes añosos, polimedicados y con comorbilidades.