Los adultos jóvenes deben intensificar sus rutinas de ejercicio para reducir las probabilidades de desarrollar presión arterial alta, que puede provocar un ataque al corazón y un derrame cerebral, así como demencia en la edad adulta, según una nueva investigación publicada en el ‘American Journal of Preventive Medicine’.

Las directrices actuales indican que los adultos deben hacer un mínimo de dos horas y media de ejercicio de intensidad moderada a la semana, pero un nuevo estudio dirigido por los Hospitales Infantiles Benioff de la UCSF, un sistema hospitalario de San Francisco (Estados Unidos), revela que aumentar el ejercicio hasta cinco horas a la semana puede proteger contra la hipertensión en la mediana edad.

Se trata de un ejercicio considerablemente menor que el de los hombres blancos (aproximadamente 430 unidades) y ligeramente mayor que el de las mujeres blancas (aproximadamente 320 unidades). De los cuatro grupos, las mujeres negras fueron las que menos ejercicio hicieron durante el periodo de estudio y vieron cómo se reducía su número con el paso del tiempo hasta llegar a unas 200 unidades.

Resultados del estudio

“Los resultados de los ensayos controlados aleatorios y los estudios de observación han demostrado que el ejercicio reduce la presión arterial, lo que sugiere que puede ser importante centrarse en el ejercicio como una forma de reducir la presión arterial en todos los adultos a medida que se acercan a la mediana edad.

Los adolescentes y los que tienen poco más de veinte años pueden ser físicamente activos, pero estos patrones cambian con la edad. Nuestro estudio sugiere que mantener la actividad física durante la edad adulta joven puede ser particularmente importante.

Cuando los investigadores analizaron el 17,9 por ciento de los participantes que hacían ejercicio moderado durante al menos cinco horas a la semana durante los primeros años de la edad adulta, el doble del mínimo recomendado, descubrieron que la probabilidad de desarrollar hipertensión era un 18 por ciento menor que la de los que hacían ejercicio menos de cinco horas a la semana.

Se debería preguntar a los pacientes sobre la actividad física del mismo modo que se les hace un chequeo rutinario de la presión arterial, los perfiles de glucosa y lípidos, la obesidad y el tabaquismo, apunta Nagata, y se deberían llevar a cabo programas de intervención en escuelas, colegios, iglesias, lugares de trabajo y organizaciones comunitarias.

Casi la mitad de nuestras participantes en la edad adulta joven tenían niveles subóptimos de actividad física, lo que se asoció significativamente con la aparición de la hipertensión, lo que indica que debemos elevar el nivel mínimo de actividad física.