Un nuevo estudio de la facultad de la Escuela de Salud Pública de Colorado, en el Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado (Estados Unidos) ha analizado la relación entre el uso de opioides y la conducción entre los adultos mayores y ha concluido que estos regulan la conducción para compensar los efectos negativos del fármaco, según publican en el ‘Journal of the American Board of Family Medicine’.

“Elegimos centrarnos en los adultos mayores porque presentan un mayor riesgo de experimentar dolor crónico y comúnmente se les recetan medicamentos opioides como tratamiento”, explica Emmy Betz, médica de emergencia e investigador en el campus médico Anschutz de la Universidad de Colorado.

“Sin embargo, se sabe que los efectos secundarios de los medicamentos opioides pueden comprometer las capacidades de conducción, y queríamos saber más sobre la relación actual entre los dos entre una población de edad avanzada”, añade.

Los investigadores examinaron los datos del estudio Longitudinal de Investigación de la Fundación para la Seguridad del Tráfico de los Conductores del Envejecimiento (LongROAD) de la Fundación AAA , una de las bases de datos más grandes y completas disponibles sobre los conductores mayores que incorporan a 2.990 participantes que fueron seguidos durante cinco años.

Diferencias en el uso de opioides

Los datos presentaron la oportunidad de examinar el uso de opioides en una gran cohorte de conductores mayores (de 65 a 79 años). Más específicamente, el objetivo de los investigadores era responder tres preguntas a través de un análisis transversal de datos: la prevalencia del uso de opioides, la prevalencia y severidad del dolor diario, y las asociaciones entre el uso de opioides, los niveles de dolor y los comportamientos de conducción autoinformados.

“Esperamos que los médicos usen estos hallazgos en sus conversaciones con pacientes mayores sobre el uso de opioides y la seguridad en la conducción”, agrega la coautora del estudio, Carolyn DiGuiseppi.

Los investigadores descubrieron que de los 2.949 participantes de LongROAD con datos de medicamentos, 169 informaron que estaban tomando un opioide. Estos participantes tuvieron un mayor nivel de dolor autoinformado en los últimos siete días.

Se observa que hubo un aumento del 5,4 por ciento en los choques reportados o la acción policial en el último año entre los usuarios de opioides versus los no usuarios. Sin embargo, los conductores mayores que informaron haber tomado un opioide en la actualidad tenían más probabilidades de autorregularse y reducir su conducción y de informar una menor capacidad de conducción autoevaluada.

Los datos también mostraron relaciones complejas cuando se observaron a través de factores socioeconómicos. Por ejemplo, los adultos mayores con ingresos más bajos tenían más probabilidades de usar opioides, pero esto podría deberse a la menor capacidad de acceder a modalidades alternativas de control del dolor, como masajes o fisioterapia.

“Es alentador que los adultos mayores parezcan regular su manejo como una forma de mitigar los efectos negativos de los medicamentos opioides –reconoce Betz–. Sin embargo, la investigación futura debería analizar más de cerca los factores socioeconómicos relacionados con el uso de opioides entre los adultos mayores, así como los efectos de las condiciones médicas dolorosas para las cuales se toman los opioides”.

“La Fundación AAA y el equipo de investigación LongROAD, que incluye la Universidad de Colorado, están trabajando juntos para mejorar la seguridad y la movilidad de nuestros conductores mayores –añade el doctor David Yang, director ejecutivo de la Fundación AAA para la Seguridad del Tráfico–. Este programa de investigación de varios años garantiza que podamos desarrollar contramedidas efectivas para esta población”.