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José Luis Martínez Carrasco, miembro de la semFYC, en entrevista sobre el impacto del COVID-19 en pacientes con rinitis alérgica

José Luis Martínez Carrasco, médico general en el Centro de Salud de Fuencarral. También forma parte de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y del Grupo de Respiratorio de Atención Primaria (GRAP).

“Los pacientes con alergia seguirán portando mascarilla en épocas de alta concentración de polen o de contaminación, aunque ya no sea obligatoria en espacios abiertos”. Es la opinión de José Luis Martínez Carrasco, médico general en el Centro de Salud de Fuencarral. También forma parte de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) y del Grupo de Respiratorio de Atención Primaria (GRAP). En esta entrevista para El Médico Interactivo, ha hecho un balance de la primavera 2021.

¿Cómo ha sido esta primavera para las personas alérgicas o con rinitis alérgica?

La primavera 2021 ha sido más benigna que otros años para los pacientes alérgicos gracias al empleo obligatorio de las mascarillas. Su uso ha reducido tanto el contacto con los alergenos como con la contaminación ambiental, que puede ser un factor agravante. Esto se ha traducido en una menor incidencia de los síntomas respiratorios (estornudos, rinorrea, prurito y congestión nasal) en los pacientes alérgicos. En consecuencia, ha contribuido a una mejoría en su calidad de vida y a una menor repercusión económica de la rinitis alérgica.
Las restricciones a la movilidad, con una menor exposición a alergenos, y la disminución de la actividad económica, que ha ocasionado menores niveles de contaminación, han ayudado a estos mejores resultados.

Para las personas con alergia, ¿cuáles han sido los principales problemas relacionados con el uso de las mascarillas?

Los pacientes han referido un ligero aumento de dolencias oculares, como conjuntivitis y prurito ocular. Quizás se ha debido a que han tenido los otros síntomas en menor cuantía, mientras que los ojos, no protegidos por las mascarillas, han presentado una sintomatología similar a otros años anteriores. No obstante, hay pacientes que claramente han manifestado este año presentar una mayor afectación conjuntival.

En general, son minoría los que han renegado del uso de las mascarillas. Si bien es cierto que algunas personas han notado incomodidad para respirar, la sensación general es que han sido bien toleradas. Ha habido algunos casos de irritación cutánea, sobre todo en pacientes con dermatitis seborreica, dermatitis atópica y acné. Muchas veces esta complicación desaparecía con el uso de mascarillas de tela.
En definitiva, el principal inconveniente de las mascarillas ha sido la incomodidad de llevarla puesta, y, a mucha distancia, las reacciones dermatológicas.

En función de los resultados, ¿recomendaría el uso de la mascarilla cuando ya no sea necesaria para evitar el contagio por coronavirus?

Sí, y creo que la actitud de la gente va a cambiar respecto a la mascarilla. Aunque deje de ser obligatoria en los espacios públicos, posiblemente la tendencia se inclinará hacia los comportamientos de los países asiáticos, donde en épocas de alta contaminación mucha gente utiliza la mascarilla. Igualmente va a ocurrir en épocas de mayor concentración de polen, en las que algunos pacientes con rinitis se pondrán la mascarilla. También la utilizaremos, por ejemplo, en momentos que haya picos de gripe en el invierno. Así, los pacientes que sean asmáticos o tengan EPOC se podrán beneficiar de su uso en determinadas épocas del año.

¿Tienen ya cifras o estimaciones de esta primavera?

Todavía es pronto para tener cifras o estadísticas, pero hemos observado que el uso de la mascarilla ha supuesto la reducción de los catarros y las infecciones respiratorias en el invierno. Además, la gripe ha sido prácticamente inexistente, y ha habido menos reagudizaciones del asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc). Ciertamente podemos hablar de claros beneficios en las patologías respiratorias. Los pacientes con rinitis alérgica han tenido menos visitas a urgencias y han empleado mucha menos medicación de rescate. En cualquier caso, todavía es muy pronto para cuantificar.

¿Se prevé un verano normal, cada zona según su climatología, o se prevén consecuencias del invierno y la primavera que han pasado?

Creo que el verano va a ser benigno, aunque variando de unas regiones a otras dependiendo de su climatología. Según se eleven las temperaturas, desaparecerán las gramíneas y, por tanto, mejorarán los pacientes con polinosis.

¿Se han registrado casos de alergia a la vacuna de la COVID-19?

Apenas se han notificado reacciones alérgicas achacables a las vacunas. A los pacientes que tengan alergia a alguno de los excipientes se les recomienda una valoración previa a la vacunación, para minimizar sus riesgos.
En cambio, sí es más común el padecimiento de reacciones no alérgicas, como la fiebre, dolor en el lugar de la inyección, astenia, mialgias, etc., que no suponen complicaciones ni comprometen la salud del paciente. En casos muy aislados, se han presentado efectos secundarios graves, que suponen una bajísima incidencia, como la trombosis con trombocitopenia, que no han impedido un balance beneficio-riesgo favorable de la vacuna.

¿Se ha dispensado más adrenalina, por precaución frente a la vacuna?

No he visto un aumento de su consumo, dado que la adrenalina se utiliza en caso de shock anafiláctico o en una situación de angioedema, generalmente derivados de una reacción alérgica grave, que, como ya he comentado, apenas suceden como consecuencia a la vacuna. Las reacciones vacunales más frecuentes han sido mialgias, artralgias, dolor en el lugar de la inyección en el brazo, cefalea y fiebre. Se trata de una sintomatología no complicada que desaparece al cabo de pocos días sin necesidad de tratamiento farmacológico, aunque sí puede estar indicado el uso de determinados analgésicos para rebajar la intensidad de los síntomas.

¿Sigue habiendo confusión entre los síntomas de la alergia y de la COVID-19?

Sí, ha habido casos en que sí. Algunos pacientes tienen muy claro cuáles son los síntomas de la alergia, porque han tenido problemas otros años y han sabido reconocerlos. Pero ha habido una época, principalmente al principio de la pandemia, en la que “todo era COVID-19”, de forma que a cualquier paciente que empezaba con tos y/o un cuadro respiratorio se le realizaba un test de antígenos y/o una PCR.

¿Cuáles son los principales tratamientos para los pacientes con alergia primaveral?

La estrategia terapéutica debe incluir la educación del paciente, la evitación de los alergenos y la administración de fármacos. En los casos en que sea necesario, se añade una inmunoterapia específica. La elección del tratamiento farmacológico debe ser personalizada, teniendo en cuenta la gravedad, las características y las preferencias de los pacientes.
Entre los fármacos de primera elección están los antihistamínicos, tanto tópicos como orales. Ahora mismo tenemos antihistamínicos de 2ª generación que prácticamente no producen sueño, y que logran una rápida mejoría de los síntomas en los pacientes alérgicos.
Los corticoides intranasales son muy eficaces para reducir la congestión nasal. En algunos pacientes, especialmente en los casos más graves, puede ser necesario utilizar un ciclo corto de corticoides orales. Si a causa de la alergia se produce una reacción asmática, se debe recurrir a los broncodilatadores y los corticoides inhalados.
Otros tratamientos que se pueden utilizar para tratar la rinitis son los antileucotrienos, las cromonas, los descongestionantes nasales durante periodos cortos y el ipratropio en caso de rinorrea.

¿Qué beneficios aporta al paciente con rinitis alérgica un fármaco que combina antihistamínico y corticoides? ¿Qué pacientes son candidatos para tomar estos fármacos?

Son muy útiles, especialmente cuando no hay un control suficiente de los síntomas con solo un antihistamínico o un corticoide. Los antihistamínicos van muy bien para tratar el prurito, los estornudos y la rinorrea, pero son menos eficaces con la congestión nasal, para la cual van muy bien los corticoides. En los pacientes que tienen congestión nasal y/o síntomas más graves resulta muy eficaz combinar el antihistamínico y el corticoide en un solo fármaco, ya que además de conseguir los efectos mencionados, logramos disminuir el número de tomas y de fármacos que el paciente debe consumir, lo que contribuye a una mejor adherencia al tratamiento.
La combinación en un solo dispositivo de un antihistamínico y un corticoide tópico intranasal ha demostrado ser más eficaz que cualquiera de ellos en monoterapia, por lo que se recomiendan en los casos más graves o no controlados. El comienzo de acción lento del corticoide es contrarrestado con el efecto rápido del antihistamínico. De esta manera, ayuda a evitar los efectos deletéreos que se producen con el uso crónico de los descongestionantes nasales cuando el paciente se impacienta por la falta de efecto temprano de su medicación intranasal.