El conocimiento actual de las propiedades beneficiosas de los alimentos ha conducido al desarrollo del concepto de alimentos funcionales, que se define como aquel alimento que contiene un componente con efecto sobre una o varias funciones del organismo y que proporciona un efecto beneficioso para la salud, más allá de su valor nutricional.

Existen diversos alimentos que influyen favorablemente en el perfil lipídico y, junto con una dieta saludable, son útiles en el tratamiento las personas con dislipemias. Así, la fibra soluble, los esteroles vegetales y frutos secos tienen claro efecto reductor del colesterol, puesto que hacen descender hasta un 10% el colesterol LDL.

Por su parte, los fitoesteroles tienen propiedades si se toman junto con las estatinas y los suplementos de ácidos grasos omega-3 pueden actuar sobre los triglicéridos, favoreciendo un descenso de sus niveles.

Dieta de alimentos funcionales

Por lo tanto, una dieta funcional con estos alimentos, junto con una dieta vegetal y baja en grasa animal, supone un alto potencial de mejorar la mayoría de los factores de riesgo cardiovascular y, por lo tanto, reducir la morbimortalidad cardiovascular en los pacientes con alteración lipídica.

De hecho, hay evidencias de nivel A del efecto positivo de los alimentos funcionales enriquecidos con fitoesteroles y el uso de la levadura roja de arroz en la reducción del nivel de triglicéridos y de LDL colesterol, lo que permite que ambos estén incluidos en las recomendaciones de cambios de estilos de vida en la Guía ESC/EAS 2016 sobre el tratamiento de las dislipemias.

Alimentos funcionales para algunos perfiles

Estos resultados hacen que se puedan incluir en el arsenal terapéutico y, por lo tanto, en las recomendaciones de algunos perfiles muy concretos de pacientes, sobre todo en prevención primaria en personas de bajo riesgo.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que se necesitan estudios más amplios y más largos en el tiempo para poder valorar no solo su efecto sobre el perfil lipídico, sino también sobre la morbimortalidad cardiovascular que cabría esperar de esta mejoría lipídica.

Aunque pocos productos pueden reducir de manera demostrada los niveles de colesterol, el extracto de alcachofa, cebada, plantago ovata, aceite de pescado, semillas de lino molidas, té verde o extracto de te verde, niacina, salvado de avena, estanoles vegetales emulsionados con lecitina, esteroles vegetales, algunas proteínas de origen vegetal (especialmente la soja) se perfilan como aliados en el control del colesterol.

Sí que hay evidencia del descenso del colesterol y cLDL con fitosteroles, levadura roja de arroz, monacolina, proteína de soja, ácidos grasos insaturados n-3 estos últimos en estudios observacionales si se asocian a disminución de riesgo de muerte CV y accidente cerebrovascular.

Fitoterapia

En cuanto a las plantas medicinales, hay que recordar que solo se ha analizado una pequeña parte en ensayos clínicos controlados. Así, la evidencia disponible muestra datos poco consistentes acerca de la eficacia de las plantas medicinales para reducir las cifras de colesterol. Desde el punto de vista fitoterapéutico hay que tener en cuenta las plantas que suponen un aporte de fibras y que limitan la absorción, y otro tipo de plantas que actúan sobre el propio metabolismo del colesterol sin olvidar otros efectos añadidos como antiagregación plaquetaria o disminución de la tensión arterial que pueden facilitar los efectos beneficiosos de tipo cardiovascular.  Por tanto, no se puede generalizar sobre todas las plantas medicinales y no debemos olvidar la posibilidad de toxicidad e interacciones con otros tratamientos.

Dieta mediterránea

En este contexto, hay que recordar que la dieta mediterránea, con un alto consumo de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva, además de pescado, ha demostrado la disminución de la mortalidad por diversas causas, principalmente la morbimortalidad cardiovascular.

Teniendo en cuenta estos datos, los especialistas señalan que no se recomienda el uso de plantas medicinales para disminuir el riesgo cardiovascular.

El tiempo de espera para iniciar un tratamiento hipolipemiante dependerá del tipo de paciente. Hay que tener en cuenta varios factores, como son los antecedentes personales y familiares, los factores de riesgo cardiovascular y los resultados de las analíticas.

Además, antes de iniciar el tratamiento con fármacos hipolipemiantes se deberán de hacer por lo menos dos mediciones analíticas con un intervalo de 6-12 semanas, excepto en las situaciones en las que se debe de iniciar el tratamiento inmediatamente, como son los casos por ejemplo de un síndrome coronario agudo o un paciente de muy alto riesgo.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria José Antonio Minaya Collado, Juan Vicente Climent Gómez e Igor Nakonetchnyi Tolchin, del Centro de Salud Campanar; Juan Carlos Benites, Oscar Martínez y Manuel Cano, del Centro de Salud Alzira II; Manuel Aguirre Pardillos, Fernando Fenollosa Adam  y Heliodoro Ibañez Bargues, del Centro de Salud Sueca; los médicos de Familia Mª Dolores del Moral Chust, María Mora Moya, Fernando Sapiña Ortola y Pío Vera Lledo, del Centro de Salud de Cullera, y  Rafael Gómez Navarro, Pilar Marco Catalán, Mariano Lozano Pasamar, Jonathan Montoya Arenas, Rubén Cordón Ruíz, Beatriz Lardies Sánchez y Luis Ciprés Casasnovas, de Zaragoza.