El consumo de alimentos ultra-procesados se asocia a un riesgo hasta tres veces superior de desarrollar el síndrome de fragilidad en ancianos. Son resultados de un estudio liderado por investigadores del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) y de IMDEA-FoodInstitute (CEI UAM+CSIC), publicados en la revista The Journal of Gerontology.

La ingesta de alimentos ultra-procesados se ha asociado con el desarrollo de enfermedades crónicas, factores de riesgo metabólico, cáncer y mayor mortalidad.

Este nuevo trabajo se centró específicamente en evaluar el impacto del consumo de estos alimentos ultra-procesados en la aparición de fragilidad en personas mayores.

El triple de riesgo en los casos de mayor consumo de alimentos ultra-procesados

En la población estudiada, los investigadores constataron que la contribución media de los alimentos ultra-procesados a la ingesta total de energía fue del 19,3%.

“Los resultados de este estudio permitieron determinar que los adultos mayores que tenían mayor ingesta de energía procedente de alimentos ultra-procesados presentaban un riesgo hasta 3 veces mayor de desarrollar síndrome de fragilidad que aquellos con menor consumo de estos productos”, explica Pilar Guallar, una de las coordinadoras de este trabajo.

El consumo de alimentos ultra-procesados en las personas mayores se asoció sobre todo a la pérdida de peso no intencional y a lenta velocidad de la marcha, que son dos de los componentes del síndrome de fragilidad.

Entre los productos que más se asociaron al desarrollo de fragilidad se encuentran los lácteos ultra-procesados (azucarados, endulzados y saborizados), las galletas, pasteles y bollerías, así como los zumos industriales.

Influencia de la dieta saludable en la prevención de la fragilidad

El sustrato fisiopatológico de la fragilidad es la sarcopenia (disminución de la masa muscular) ,que en los adultos mayores aparece debido a alteraciones en la regulación endocrina, la anorexia propia de la edad, la malnutrición crónica, o la infiltración grasa del músculo, etc. La fragilidad del adulto mayor se asocia con mayor frecuencia a discapacidad, hospitalización y muerte.

Sin embargo, la fragilidad es un síndrome potencialmente reversible, a través de la actividad física y de una dieta saludable y de mejor calidad. En este sentido, los investigadores subrayan que “estos resultados refuerzan la necesidad de promover el consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados y evitar los ultra-procesados en la dieta de las personas mayores”, añaden.