Los bancos de conservación mantienen 668.082 embriones congelados en España. El problema es que casi la mitad de ellos no tienen un destino marcado por sus propietarios. Así se desprende de un nuevo análisis único a nivel mundial expuesto en el Congreso de la Sociedad Española de Fertilidad.

Lidera el mismo Rocío Núñez Calonge, perteneciente al Grupo de Ética y Buena Práctica Clínica de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). “Hace ya aproximadamente un año, en el Grupo de Ética y Buena Práctica Clínica de la SEF, pensamos trabajar en un documento que reflejara la problemática de los embriones acumulados en los bancos, y estudiar posibles soluciones”. Como explica la experta, los centros de reproducción españoles están obligados a notificar sus resultados al Registro Nacional, coordinado por la SEF. Entre esos datos se encuentra el número de embriones congelados que hay en cada centro. Sin embargo, nunca se ha analizado el destino de estos embriones, por lo que este estudio es pionero en España y a nivel internacional.

De esta forma, según este trabajo, los embriones congelados donados a otras parejas no llegan al 5 por ciento. Además de los donados, la mayoría no cumple requisitos para la donación. Por otra parte, casi un 18 por ciento de los embriones está destinados a investigación, pero la mayoría no tiene un proyecto concreto asignado. Asimismo, otro 18 por ciento tiene como destino la destrucción, explícitamente expresada por sus propietarios. En esta línea, un 12 por ciento de los embriones se considera sin destino o abandonado, y los centros los siguen acumulando sin saber qué hacer con ellos.

Embriones congelados sin destino marcado

En nuestro país, la Ley de Reproducción Asistida describe estos posibles destinos de los embriones congelados excedentes. Sin embargo, hay pacientes que eligen donar sus embriones a otras parejas, pero no cumplen los requisitos necesarios. Es decir, edad de la mujer menor de 35 años, o pruebas que deben tener cumplimentadas, según la ley, las mismas que para las donantes de óvulos.

Por otra parte, hay pacientes que donan los embriones para investigación, pero no hay proyectos de investigación disponibles. Y, por último, hay pacientes que dejan de pagar los mantenimientos de la conservación y se desentienden de sus embriones. También puede ocurrir que estén ilocalizables (cada dos años como mínimo hay que ponerse en contacto con los pacientes para renovar los consentimientos). Si tras dos burofax, los pacientes no contestan, los embriones, según la ley, pasan a ser propiedad del banco.  En estos casos, los centros no se sienten suficientemente respaldados con la actual legislación. Así, no se atreven a destruirlos por temor a que los propietarios de los embriones los reclamen en algún momento.