Hacer cribados del riesgo coronario en población general para disminuir la morbimortalidad cardiovascular sí que es efectivo. De hecho, es imprescindible realizar un cálculo adecuado del riesgo de los pacientes.

Para poder establecer el riesgo cardiovascular existen numerosas herramientas, además de las recomendaciones de las guías de prácticas clínica.

La tabla de riesgo SCORE analiza el riesgo de tener un evento cardiovascular mortal en 10 años. Está dirigido a población general cuyo riesgo no se encuentre aumentado basalmente, donde se excluyen pacientes con enfermedad cardiovascular previa, pacientes diabéticos o con enfermedad renal significativa con aclaramiento de creatinina por debajo de 60 mL/min.

Por su parte, las guías recomiendan el cribado, pero destacan que el estado lipídico puede ser diferente en los casos de obesidad, ya que se se asocia a una alta tasa de HTA y dislipemia.

Perfil lipídico

Las guías de práctica clínica recomiendan realizar perfil lipídico anual a todos los hipertensos y los que tienen hiperlipidemia familiar.

Con respecto a los diabéticos, tanto tipo 1 como 2, si tienen niveles muy altos de factores de riesgo individuales o con enfermedad renal crónica (ERC), es importante iniciar el tratamiento, puesto que la estimación del riesgo les sitúa en una situación complicada.

En líneas generales, a partir de 40 años se debe tener un seguimiento anual que permita estimar su riesgo cardiovascular. Desde los servicios de Medicina Preventiva y Medicina del Trabajo, así como desde Atención Primaria, se pueden detectar pacientes con riesgo cardiovascular elevado desde edades tempranas (por ejemplo, casos de hipercolesterolemia familiar), en los que las intervenciones terapéuticas en edades tempranas reducen de forma significativa la morbimortalidad cardiovascular futura.

Cribados del riesgo cardiovascular

El cribado del riesgo cardiovascular puede realizarse de manera oportunista o sistemática. El cribado oportunista se lleva a cabo sin una estrategia preestablecida, cuando surge la ocasión. Por ejemplo, cuando un individuo acude al médico de Atención Primaria o al cardiólogo por otro motivo.

Existen diversas técnicas que ayudan a complementar las estimaciones de las tablas de riesgo cardiovascular, como son la medición del grosor íntima/media carotídea y la detección de calcificación coronaria, que resultan costosas y dependientes de técnicas radiológicas.

Índice tobillo-brazo

Sin embargo, una exploración clínica sencilla, como el cálculo del índice tobillo-brazo (ITB), permite documentar un signo con valor diagnóstico y pronóstico, el marcador de aterosclerosis subclínica. Además de esta técnica, es imprescindible realizar una historia clínica para detectar otros marcadores de enfermedad cardiovascular, como pueden ser la impotencia o apnea de sueño.

El índice tobillo/brazo es el cociente de las presiones sistólicas de tobillo/brazo para cada miembro inferior. Permite diagnosticar la enfermedad arterial periférica silente cuando este cociente es < 0,9.

Un valor inferior a 0,9 indica la existencia de una estenosis mayor del 50% entre la aorta y las arterias distales de la pierna con alta especificidad (90%) y una sensibilidad aceptable (79%); valores ≥ 1,4 suelen indicar la presencia de calcificación arterial, una situación que también se asocia con un incremento del riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Realización sistemática

Al ser una prueba sencilla, el ITB puede realizarse de forma sistemática en la evaluación del estado vascular del paciente, siempre que se disponga de un doppler portátil y de 15 minutos para su determinación. La medición del ITB no está justificada en pacientes de bajo riesgo, pero sí está indicada en sujetos con los dos principales factores de riesgo asociados con enfermedad arterial periférica, como son la diabetes mellitus y el hábito tabáquico.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores José Miguel Vegas Valle, Ernesto Hernández Martínez, María Teresa González Sánchez, José María Turiel Martínez y Beatriz Samaniego Lampón, de Gijón, y Eduardo Alegría Barrero, Marco A. Blázquez Miguel, Juan Ruiz García, Carla Lázaro Rivera, Mónica Recio Vazquez, Mª Carmen Monedero Martin, Luis Francisco Molina Blázquez, Almudena Amor Salamanca y Laura Espinosa Pinzón, de Torrejón de Ardoz.