Parece que a la hora de tener un infarto no solo influyen los  hábitos de vida de la persona o su genética, sino también factores ambientales como la contaminación. Esa es la idea en la que se ha trabajado en un estudio que han realizado de investigadores del Centro de Investigación Biomédica  de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV) en el Instituto de Investigación Vall d’Hebron, en el que han concluido que los días en que los niveles de contaminación atmosférica son más elevados en el área metropolitana de Barcelona se producen más ataques de corazón.

En concreto, el estudio se basa en datos recogidos en el registro Codi IAM (Código Infarto de Miocardio), que agrupa datos de los pacientes que sufren un ataque de corazón en Cataluña durante los años 2010 y 2011. Esta información se cruzó con las cifras de los datos de los registros metereológicos y de contaminación atmosférica proporcionados por el Servei Meteorològic y el Servei de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat de Catalunya, durante ese mismo periodo de tiempo.

Así, las conclusiones, que han sido publicadas en la revista científica International Journal of Cardiology, apuntaban a que los picos de contaminación podrían ser el gatillo que aumenta la probabilidad de sufrir un infarto.

Reducir la contaminación para vivir más

Este es el primer estudio que demuestra que la contaminación participa en la mortalidad en las primeras 24 horas tras un infarto con elevación del ST y el primero que relaciona la contaminación con una mayor incidencia de fibrilación ventricular. En concreto, Jordi Bañeras, cardiólogo del Hospital Universitario Vall d’Hebron, investigador del CIBERCV en el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), y autor principal del estudio, explicaba que  “los resultados indican que la contaminación causa un aumento de infartos de miocardio por elevación del ST, es decir, infartos con una obstrucción total de la arteria coronaria, que son los más graves”. Asimismo, “los infartos de este tipo que se producen los días de más polución presentan un mayor índice de mortalidad, sobre todo en las primeras 24 horas tras el evento, y un mayor índice de fibrilación ventricular, un tipo de arritmia letal”.

Los datos de la contaminación del aire incluyeron la medida de sustancias, entre otras, como PM 10 (sustancias menores de 10 micras de diámetro), PM 2,5 (menores de 2,5 micras de diámetro), óxido nítrico y plomo. La sustancia más directamente relacionada con los infartos es PM 2,5, emitida sobre todo por los tubos de escape de los motores diésel de los coches.

Otra de las ideas que se extraía de este estudio era la necesidad de que es posible tomar medidas a este respecto. “Las políticas medioambientales que favorecen la reducción de la contaminación tendrían un impacto muy positivo en la salud del corazón de los ciudadanos. En los años 2010 y 2011, la concentración media de PM 2,5 en las zonas de Barcelona con más contaminación fue de 20,1 μg/m3. Nuestro estudio muestra que si se redujeran 10 μg/m3 la concentración de PM 2,5, se podrían evitar al menos un 7,67 por ciento de las muertes que se producen en las primeras 24 horas de un infarto con elevación del ST en Barcelona, lo que supondría como mínimo una reducción de 5 muertes al año”, concluía Bañeras.