La principal ventaja de los EFG frente a los medicamentos innovadores en el tratamiento de los pacientes con hipertensión es la económica, que supone la bajada del precio de los medicamentos con el consiguiente ahorro de recursos.

Además, se sabe que como poco durante 10 años la población general lo ha estado consumiendo, lo que reduce la posibilidad de aparición de efectos no deseados que no se conozcan, lo que indirectamente aumenta la seguridad del mismo.

No obstante, hay que contemplar la variabilidad del contenido de principio activo, con un margen de un 20%, que en algunos fármacos con escaso margen terapéutico puede ser importante.

La distinta apariencia de presentación puede llevar a confusión y dejar de tomar el tratamiento tal y como estaba prescrito, lo que puede favorecer la no adherencia al tratamiento.

Y es que mientras que los fármacos innovadores realizan numerosos ensayos clínicos de eficacia y seguridad frente a placebo y/o fármacos activos, los EFG destacan por la ausencia de ensayos que puedan demostrar su eficacia y seguridad versus placebo y/o activo. De ser exactamente iguales en componentes, dosis, excipientes y procesos de fabricación no debería existir inconveniente en realizar ensayos clínicos.

Ajustar dosis

Cuando el paciente cambia en la farmacia, hay que tener en cuenta que en ocasiones se deben ajustar mucho las dosis para algún tratamiento y esa diferencia en la dosis de un medicamento puede hacer que resulte totalmente ineficaz o representar un riesgo muy elevado para el paciente por lo que no debería ser permitida. En fármacos que tienen un estrecho margen terapéutico, como anticoagulantes, hay que ser cautelosos. Eso también puede obligar a repetir analíticas, para volver a realizar el ajuste, con el consiguiente gasto e inconveniente para el paciente.

La diferencia de excipientes pueden alterar tanto el sabor como absorción y tolerabilidad del fármaco, o incluso provocar alergias en algún paciente por lo que sí debería aparecer en el sistema de prescripción.

Como los excipientes que lo vehiculizan pueden variar la biodisponibilidad, deberían estudiarse este concepto. Lo que hace pensar en la conveniencia de no realizar sustituciones con medicamentos genéricos en aquellos pacientes que están siendo tratados con el medicamento innovador y el tratamiento está siendo eficaz y seguro. En ocasiones, los genéricos, pueden incluir excipientes de poca calidad y además en su fabricación pueden ser menos cuidadosos con el sabor.

Para la elaboración de este artículo se ha contado con la colaboración de los doctores especialistas en Atención Primaria Rosendo Paredes Segura, Miguel Angel Belmar Bueno, Sergio Gallego Piote, Pascual Verdu Pineda, Soledad Botella Rodriguez y  Marilena Buccella Passeri, del Centro Salud Babel; Arantxa Oliver Ramirez, Cayetano Alarcon Gimenez, Eduardo Van Der Hofstadt, Eduardo Martínez Domenech, Juan Pedro Chico Asensi y Manuel Molero Torres, del Centro Salud Campoamor; Luis Uceda Carrio, Mónica Beatriz Figueroa Caiche, Julio José González Adrianza, Janet Kopke-Martín, Pere Juan Andrés Vengut y Jaume Almendro Nogueres, del Centro Salud Calpe, y los especialistas en Medicina de Familia Juan de Dios Arnaldos Herrero, Felipe Ferre Larrosa, José Mª Ballester Sánchez, Antonio Gomariz Guijarro, María José Martí Montoya y Juliana Marín García, del Centro de Salud San Andrés.