El desconocimiento de los efectos del SARS-CoV-2 sobre los pacientes con cáncer de mama llevó a los oncólogos, durante los primeros meses de la pandemia, a actuar con gran cautela a la hora de fijar pautas terapéuticas. Con el paso del tiempo, los especialistas han ido ganando confianza en el uso de los tratamientos, ante la ausencia de evidencia científica que secunde que los afectados experimenten un mayor riesgo de desarrollar la COVID-19 o que los tratamientos inmunosupresores puedan traducirse en un peor pronóstico de la infección. Así lo explica el doctor Miguel Martín, presidente del Grupo GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama, que ofrece una charla sobre COVID-19 y cáncer en la 13ª Revisión Anual GEICAM de Avances en Cáncer de Mama, RAGMA, que se celebra de forma virtual este jueves y viernes.

La reunión abordará las novedades de impacto en todos los aspectos relacionados con la biología, prevención, epidemiología, investigación y supervivencia del cáncer de mama. “El lema de la reunión, ‘El futuro empezó ayer’, resalta que los avances en el tratamiento de nuestros pacientes de hoy comenzó con la investigación en aspectos fundamentales de la biología del cáncer de mama. Sin ese pasado, renovado diariamente, no hay presente ni esperanza de mejora en el futuro”, expresa el doctor José Enrique Alés, miembro del comité organizador de RAGMA 2020 y oncólogo del Complejo Asistencial de Ávila Hospital Nuestra Señora de Sonsoles, en Ávila.

Terapias antitumorales

Respecto al impacto de la COVID-19, el doctor Martín afirma que “los especialistas están perdiendo el miedo al empleo de las terapias antitumorales al ir publicándose estudios que demuestran que no tienen una gran repercusión sobre la gravedad de la infección y que no hacen empeorar la evolución de la enfermedad”. A pesar de ello, la tónica general ha sido la modificación de los tratamientos, sustituyendo los fármacos más inmunosupresores por otro menos con menor capacidad inmunosupresora pero de igual eficacia.

En opinión del doctor Martín, si se siguen una serie de recomendaciones, como las elaboradas por GEICAM, que han sido publicadas en The Oncologist, se puede mantener la calidad de la asistencia que reciben estas pacientes en la actual situación de pandemia.

Muchos de los consejos elaborados por el Grupo se dirigen a reducir al máximo las visitas al hospital, para evitar el riesgo de contagio de pacientes y profesionales. Según explica el presidente de GEICAM, muchas cirugías han podido mantenerse, entre otros motivos, porque la intervención quirúrgica en cáncer de mama suele ser más superficial que la de otros cánceres y no se precisa de ingreso en UCI. Otras opciones para reducir visitas al hospital son las denominadas “vacaciones terapéuticas” cuando el tumor está más o menos controlado.

Para esta segunda oleada de la COVID-19, el doctor Martín augura que “se van a utilizar los tratamientos con más confianza, tratando de adoptar algunas medidas, cuando sea posible, como el uso de fármacos orales en vez de intravenosos, facilitar que las pacientes puedan acudir a por su medicación a la oficina de farmacia o impulsar el envío de terapias a domicilio, para reducir al máximo las visitas al hospital”.

Epidemiología para conocer los perfiles de riesgo en cáncer de mama

Los avances en epidemiología están permitiendo conocer mejor el modo en que factores de riesgo, como el sobrepeso o la falta de actividad física, intervienen a la hora de padecer cáncer de mama. “Comprender estos factores ayudará a dirigir esfuerzos para prevenir la enfermedad y definir poblaciones de riesgo elevado”, afirma la doctora Renée Fortner, del German Cancer Research Center (DKFZ), en Heidelberg (Alemania), que participa en la mesa redonda sobre avances en epidemiología, biología y diagnóstico. “Estamos desarrollando un trabajo que sugiere que la actividad física conlleva un menor riesgo de cáncer de mama y que realizarla después del diagnóstico se asocia con mejores resultados en la evolución del tumor”, subraya esta experta.

Estudio del ADN para predecir la respuesta al tratamiento

En el abordaje de la enfermedad avanzada existe una mayor evidencia científica sobre la utilidad clínica del estudio del ADN tumoral circulante (ctDNA), es decir, pequeñas porciones de ADN liberado de las células al torrente sanguíneo. Conocer las alteraciones moleculares del tumor supone una oportunidad para la individualización del tratamiento, expresa el doctor Nicholas Turner, de The Royal Marsden NHS Foundation Trust, en Londres.

La experiencia de los pacientes con cáncer de mama en tiempos de pandemia

Desde la Federación Española de Cáncer de Mama (FECMA) afirman que la pandemia de la COVID-19 está causando algunos colapsos asistenciales que han implicado retrasos en consultas y tratamientos en cáncer. “El cáncer no para, por ese motivo, no se pueden hacer pausas, en la prevención, en la atención, en la investigación y la innovación, que son dos pilares esenciales en todas las políticas en materia de cáncer de mama”, opina María Luisa Villafranca, portavoz de esta Federación.