Durante la celebración del el XXV Simposio Díaz-Rubio sobre el tratamiento de enfermedades digestivas se ha llegado a la conclusión de que la sensibilidad al gluten no celiaca (SGNC) se ha convertido en un problema epidemiológico del siglo XXI. En concreto, se trata de una cuestión que comenzó a emerger en el año 1978 y que ha ido en aumento progresivo aunque el despegue se ha producido entre los años 2009 y 2014, un periodo en el que prácticamente se ha duplicado el porcentaje de seguidores de una dieta libre de gluten. Pese a ello, tal y como explicaba Natalia López Palacios, del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos, “la sensibilidad al gluten no celiaca autonotificada es un problema epidemiológico del siglo XXI”. Según la experta, “en Estados Unidos cerca de tres millones de personas hacen una dieta sin gluten. Se ha pasado del 1,3 por ciento de seguidores de una dieta libre de gluten al 2,4 por ciento de la población, pero hasta el 72 por ciento la hacen sin diagnóstico médico”.

Este porcentaje preocupa a los expertos, porque está demostrado que la ausencia del gluten en la dieta es un obstáculo importante a la hora de detectar si realmente existe intolerancia al gluten. De esta forma, el no acudir a la consulta antes de tomar una decisión sobre la dieta supone un nuevo reto, si se tiene en cuenta “en menos de un 20 por ciento de los pacientes el gluten es el responsable de sus síntomas”. Así pues, “no sabemos si nos encontramos ante un síndrome o una enfermedad, y la discusión es que tiene que haber otros responsables y no sólo el gluten”.

Una visión global

La idea que quedaba clara en esta cita era que la SGNC se define como una condición según la cual después de la ingestión de gluten aparecen síntomas intestinales y extraintestinales, si bien “muchos síntomas se solapan con los del síndrome de intestino irritable (diarrea, dolor epigástrico, nauseas, etc.). Así, además de comprobar la aparición y desaparición de los síntomas con la ingesta de gluten, hay que hacer las correspondientes pruebas de alergia al trigo, determinación de anticuerpos de celiaquía, etc. Y sobre todo “que el afectado sea portador de genes compatibles con la enfermedad celiaca. Estos genes (que están presentes en el 40 por ciento de la población española) sólo sirven para descartar la enfermedad, pero si no están presentes no puede existir celiaquía”.

A este respecto, Enrique Rey Díaz-Rubio, jefe del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid incidía en que el gran cambio que ha experimentado la gastroenterología en los últimos años  es la visión global de la persona desde el punto de vista fisiopatológico. Por ello, el experto concluía que el enfoque global del enfermo y de la patología digestiva ha abierto la puerta a uno de los temas que mayor interés suscita, el de la microbiota, que, “evidentemente, es un órgano más y está relacionado con todo el organismo. El gran reto para el futuro es conocerla en profundidad, saber cómo funciona y su papel en problemas tan diferentes como diabetes, obesidad, esclerosis múltiple o enfermedad inflamatoria intestinal, entre otras”, concluía Díaz-Rubio.