Más allá de la pandemia y de la crisis sanitaria, la profesión médica y, en especial la Atención Primaria, sigue teniendo otros debates abiertos. Entre ellos, cuál debe ser el futuro del visado farmacéutico. Parece que hay un consenso respecto a que este sistema, que se creó antes de las nuevas tecnologías, necesita ser revisado y actualizado. Sin embargo, no todos los agentes tienen claro cuál debe ser el futuro del mismo. Es por ello que este tema ha sido precisamente el elegido para la mesa precongresual del 42 Congreso Nacional de SEMERGEN.

Tal y como ha expuesto la vicepresidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, la finalidad de este visado farmacéutico desde sus inicios también fue la del control del gasto, pero no hay que olvidar que tiene otras “bondades”. Entre ellas destacaba “el uso racional de los medicamentos, la inclusión escalonada de la innovación o un mejor seguimiento farmacológico”. Pese a ello, actualmente, “el sistema tiene que revisarse de forma completa”. El principal motivo es que “cuando se pone a los médicos algún trámite burocrático le hacemos mal favor a los pacientes y a los profesionales”.

Deficiencias actuales

No obstante, el actual visado farmacéutico presenta muchas deficiencias. La primera, el hecho de que se trata de un sistema que parte de la desconfianza de la responsabilidad del médico, cuando, como recordaba el presidente de la Federación de Asociaciones de Inspección de Servicios Sanitarios (FAISS), Gregorio Gómez, debería ser al revés. Además, todavía hay pacientes que no consiguen acceder a estos fármacos, en torno a un 10 por ciento. Aunque esta cifra es muy relativa, precisamente debido a otro de sus grandes problemas: la inequidad que provoca entre pacientes. “No solo entre CC.AA -que tienen flexibilidad para hacer uso del mismo- sino entre los propios profesionales”. Según Gómez, esta variabilidad en cuanto a la obtención del visado puede llegar a ser del 3 al 30 por ciento según los diferentes profesionales.

Si bien hay expertos que abogan por directamente eliminar esta traba burocrática, otros abogan por adaptarla a las nuevas tecnologías. En este sentido, José Martínez Olmos, ex secretario general de Sanidad, explicaba una posible alternativa.  “En la misma historia clínica, establecer unos requisitos para que se pueda prescribir ese fármaco, y si se cumplen que se pueda emitir automáticamente la receta, y que si no, no. Por ahí debemos caminar”.

El visado farmacéutico y la libertad de prescripción

Más allá de la opinión de los gestores, los médicos también se muestran en contra de la situación actual del visado farmacéutico. A este respecto, el presidente de SEMERGEN, José Polo, insistía en que “el uso racional del medicamento debe de venir por una educación al paciente y una mejor adherencia terapéutica. El visado pone barreras, limita al médico de familia con fármacos que tienen evidencia, y genera una inequidad entre CC.AA. Estamos a favor del uso racional del medicamento, pero en contra de toda traba”.

En esta misma línea, Serafín Romero, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), argumentaba que “el visado se ha convertido en un obstáculo burocrático, que se ha podido paliar con la introducción de la receta electrónica”. Según Romero, supone duplicar consultas, entre la solicitud y la recogida, y genera desigualdades (al estar enfocado a medicamentos financiados, quien puede pagarlos tiene un mayor acceso). Así insistía en la necesidad de un sistema en el que el control del gasto no sea el principal objetivo.

Hacia un nuevo modelo

“Es necesario darle una vuelta a nuestro sistema de visado, y seguir manteniendo un control en áreas concretas, como la entrada de innovaciones terapéuticas”.  De esta forma, ambos se han mostrado a favor de un sistema basado en la auditoría, y no en una fiscalización previa de la prescripción, que vele por la seguridad del paciente y también por un uso racional de los recursos.

Por último, Serafín Romero abordaba una cuestión clave en torno al visado farmacéutico y es la responsabilidad del propio prescriptor. “El médico tiene la libertad de prescribir, pero tiene que asumir su responsabilidad sobre una prescripción que fuera inadecuada”. Sobre esta cuestión, volvía a aludir a la relevancia de los sistemas electrónicos actuales, que permiten ver si la prescripción de un profesional supone una importante desviación respecto a la de sus compañeros, para hacer una autoevaluación.