En situaciones de pandemia, como la que estamos viviendo, es necesario tener unas líneas de actuación coordinadas y competentes, donde la profesionalización de los gestores sanitarios es necesaria para establecer las soluciones más adecuadas a los distintos actores implicados.

En este contexto, se ha celebrado el primero de los foros de discusión englobados dentro de los Encuentros SEDISA de Gestión Sanitaria en tiempos de pandemia, organizados por la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA) y que cuentan con la colaboración de Janssen.

El nuevo presidente de SEDISA, José Soto, en la presentación del encuentro ha destacado la importancia de la profesionalización de la gestión para potenciar su papel. Para esto, “es necesario realizar acciones formativas para especializarnos cada vez más en nuestras áreas de conocimiento y actuación. Así, podemos llegar a niveles de competencias para las tareas de gestión, y garantizar una selección rigurosa para los puestos directivos y su evaluación periódica”.

El presidente de SEDISA ha recordado que los gestores necesitan participar en los retos de mejora de la salud y en las estrategias planteadas, para que se les oiga. Aportan conocimientos y experiencias para debatir.

Conocer la COVID-19

En la citada reunión, Margarita del Val Latorre, viróloga, inmunóloga e investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM), de Madrid, se ha referido a la transmisibilidad y virulencia del coronavirus. El nivel de transmisibilidad del SARS-COV2 no es de los más elevados. Por término medio, cada persona puede contagiar a tres personas, mientras que el sarampión y la varicela pueden contagiar hasta a cinco personas. Tampoco es el más letal, cuya mortalidad se sitúa en 1,15 entre los casos producidos. Así, la investigadora ha afirmado que “ni es muy contagioso ni muy mortal”.

Parece ser que lo que nos está defendiendo es la inmunidad innata, pero hace falta la específica, cuando la innata induce una inflamación que ayuda a reclutar a linfocitos y estos pasan a ser cuerpos de élite para protegernos a largo plazo por la inmunidad. Esta es la forma que tiene el sistema inmunitario para eliminar los agentes dañinos.

Inmunidad celular

Si se compara la COVID-19 con otras pandemias de la gripe, la inmunidad celular es clave para que vayan bajando las cifras de contagios. Esas pandemias de la gripe son autocontenidas, cosa que no ha ocurrido con la del SARS-COV2.

Uno de los errores que se vivió al principio de la pandemia es que iba a ser como la gripe, que no iba a afectar a toda la población, que el sistema sanitario iba a estar preparado. Pero lo que ha ocurrido es que toda la población es vulnerable a la COVID-19 y no había inmunidad.

De los datos disponibles de los estudios de seroprevalencia se está viendo que el 5% de la población ha pasado la enfermedad, pero este porcentaje puede elevarse en los estudios que hay en marcha.

Colegios seguros

Con respecto a la transmisión, del Val Latorre ha indicado que es por gotículas en distancias cortas, caen como una trayectoria balística. Los aerosoles portan virus, menos que las gotículas, pero son los que pueden contagiar en un interior mal ventilado, donde se libera virus, como el humo.

Los colegios han abierto con una ventilación intensa y eso ha demostrado que con los métodos de control de la ventilación los colegios son seguros.

Cuestiones por resolver

La investigadora ha comentado las diferencias entre la cuarentena y el aislamiento. Mientras la primera es preventiva, ya que en 10 días el 95% de los casos ya ha dado la cara la infección o si están libres del virus. Por su parte, el aislamiento es para las personas en las que se tiene certeza que es contagioso y por eso no debe estar en contacto con nadie para evitar contagios.

Con respecto a la vacuna de Pfizer, ha recordado que protege de síntomas leves o moderados.

No obstante, aún queda por ver qué pasa con las mutaciones y qué evolución va a tener el coronavirus.

Nuevos virus

El profesor Emilio Bouza Santiago, investigador de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, de Madrid, ha recordado que tener nuevos virus no es novedoso, lo que pasa es que “no pensábamos que fuera así”. Se trata de una enfermedad sistémica, no respiratoria, en la que se producen fenómenos tromboembólicos.

No se pueden dejar a un lado las manifestaciones cutáneas, con lesiones ya casi olvidadas como sabañones.

Una de las cosas que se han aprendido, en opinión de Bouza, es que los obesos son un grupo de riesgo, porque parece ser que los adipocitos son células con muchos captadores de virus y pueden actuar como una esponja.

PCR diagnóstica, no de seguimiento

También ha asegurado que la PCR no es un test para el seguimiento de los pacientes con COVID-19, sino para el diagnóstico y que la saliva también sirve para hacer dicha determinación, ya que puede tener una cantidad suficiente de carga viral.

Durante estos meses se ha podido ver que las personas que tienen anticuerpos prácticamente no transmiten el virus.

El microbiólogo ha asegurado contundentemente que la situación vivida con los ancianos ha sido una tragedia que no puede volver a ocurrir.

Como dato anecdótico de está situación, el investigador ha comentado que los fumadores y las personas con EPOC, a diferencia de lo que se podía pensar, no han sido grupos poblacionales con mayor incidencia de la COVID-19.

Tratamiento

Al hablar de tratamiento, Benito García Díaz, jefe de Servicio de Farmacia del Hospital Universitario Severo Ochoa, en Leganés, Madrid, ha indicado que los fármacos que se están empleando para la COVID  son antiguos y se están reutilizando; entre los que destacan algunos antivirales, corticoides y terapias biológicas. Por el momento, las terapias empleadas no han sido eficaces, por lo que habrá que esperar para ver los resultados de las distintas líneas de investigación que hay en marcha.

Aprender de lo vivido

Joan Carles March Cerdá, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha iniciado su presentación haciendo un llamamiento a que hace falta escuchar para aprender. Para aprender de lo vivido, es necesario ver qué ha pasado. La falta de unidad de acción ha generado mortalidad, que se ha ensañado principalmente con las personas mayores. El 65% de los fallecidos estaban en residencias de mayores. Esto ha puesto de manifiesto que hay un déficit de recursos y una falta de coordinación de la asistencia sanitaria en las residencias, donde se ha visto que no se han priorizado las derivaciones de las residencias a los hospitales.

A esto hay que añadir el alto contagio que ha habido entre los profesionales sanitarios y que los pilares del sistema sanitario, gobernanza, financiación, prestaciones y personal, ya eran frágiles para hacer frente a la COVID-19. A esa situación no ha ayudado la falta de coordinación entre el Gobierno Central y las distintas comunidades autónomas.