Los pacientes con infecciones leves de COVID-19 experimentan una reducción significativa y duradera del sentido del gusto y del olfato. Lo mismo ocurre con la falta de aliento a largo plazo, aunque afecta a relativamente pocas personas. Y las mujeres y los ancianos se ven especialmente afectados. Así lo demuestran los resultados de una nueva investigación del Hospital Universitario de Aarhus y el Hospital Regional de Jutlandia Occidental (Dinamarca).

En el estudio, publicado en la revista científica ‘International Journal of Infectious Diseases’, los investigadores han comparado los síntomas a diario durante un máximo de 90 días en 210 trabajadores sanitarios que habían dado positivo y 630 con un test negativo.

Cada día, los participantes recibían un enlace a un cuestionario sobre si habían experimentado alguno de los siguientes síntomas en las últimas 24 horas: tos, dolor de garganta, dolores de cabeza, fiebre, dolor muscular, dificultad para respirar y reducción del sentido del gusto y del olfato.

“Vimos que la prevalencia de una reducción del sentido del gusto y del olfato de mayor duración es significativamente mayor en los pacientes con enfermedad leve que no requirieron hospitalización. Este patrón también se observa en el caso de la falta de aire, pero el número de personas afectadas es mucho menor”, afirma Henrik Kolstad, autor del estudio.

Resultados del estudio

El 30 por ciento de los que dieron positivo en la prueba y casi ninguno de los participantes que dieron negativo informaron de una reducción del sentido del gusto y del olfato durante los noventa días. Al principio del proyecto, el 20 por ciento de los que habían dado positivo declararon tener dificultad para respirar, cifra que descendió al 5 por ciento al cabo de treinta días, aunque sin llegar al nivel de los participantes que habían dado negativo.

La tos, el dolor de garganta, los dolores de cabeza, los dolores musculares y la fiebre fueron más frecuentes entre los que dieron positivo que entre los que dieron negativo en los primeros días, pero después de treinta días no se observó ningún aumento.

Las mujeres con una prueba positiva declararon más síntomas en comparación con las mujeres con una prueba negativa que los hombres con una prueba positiva en comparación con los hombres con una prueba negativa. Lo mismo ocurrió con los participantes de mayor y menor edad. Según el investigador, esto podría indicar que las mujeres y los ancianos son más susceptibles de desarrollar síntomas de COVID-19 a largo plazo.

“Este estudio proporciona un conocimiento detallado de las vías de síntomas que se pueden esperar después de haber dado positivo en la prueba de COVID-19 sin requerir hospitalización”, resalta Henrik Kolstad.