Los antihipertensivos se vieron envueltos en controversias durante las primeras semanas de la pandemia. Estos tratamientos incluyen inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECAs), que está demostrado que es receptor del coronavirus en el organismo (también de la COVID-19) y su uso podría expresar mayor número de estos para diana del virus.

Es por ello que inicialmente se temió que existiera un riesgo al mantener estos antihipertensivos en los pacientes, sobre todo por si pudiera estar asociado con una mayor mortalidad en los infectados por coronavirus.

Sin embargo, en las últimas semanas se han publicado diferentes estudios en Estados Unidos, China y Europa, en ninguno de ellos se ha demostrado que los IECAs se asocien con un mayor riesgo de infección, ni con una evolución a peor durante la enfermedad. En palabras de Pablo Millán, intensivista del Hospital La Paz (Madrid), “tampoco se encontraron diferencias significativas entre el tipo de fármaco antihipertensivo que estaban tomando los pacientes que se usaron como referencia en los estudios”. Así lo expuso durante el seminario sobre Patología Cardiovascular y COVID-19 que organizó la Sociedad Española de Medicina Intensiva (SEMICYUC) la semana pasada.

Si bien en España, en el Hospital La Paz de Madrid, el 52 por ciento de los pacientes ingresados en la UCI por coronavirus eran hipertensos, Millán abogó por seguir administrando los mismos fármacos habituales. De esta forma, expuso que es concluyente que contagiarse de coronavirus en un test “es independiente de la toma de hipertensivos”. Eso sí, se hizo eco de los estudios que piden ser cautelosos con estos pacientes, para evitar una vasodilatación pulmonar por la terapia derivada de estos medicamentos. “Hay que estar atento a los umbrales”, concluía.

Por último, cabe recordar que la hipertensión arterial es un antecedente frecuente en pacientes infectados con coronavirus, además de un posible factor de riesgo para la evolución crítica del mismo. Un estudio norteamericano con casi 9.000 personas de muestra reflejó que el 26,3 por ciento de los enfermos con COVID-19 eran hipertensos. De hecho, era el segundo factor cardiovascular más frecuente, por detrás de la hiperlipidemia (alta presencia de lípidos en la sangre, 30,5 por ciento) y doblando a la diabetes (14,3 por ciento).