Hace unos meses, la ministra de Igualdad, Irene Montero, anunciaba un “instrumento estandarizado” para que los sanitarios puedan detectar casos de violencia machista. Si bien aún no se conocen más detalles al respecto, los profesionales de Atención Primaria ya trabajan activamente en este sentido. No obstante, desde SEMERGEN cuentan con un Plan Estratégico en Violencia de Género, que se trata de una iniciativa pionera como sociedad científica. Una de las claves del mismo es desarrollar estrategias de prevención, intervención y comunicación. Esto incluye incluir preguntas de cribado sobre violencia de género.

Este ha sido uno de los temas abordados en la parte online del 43 Congreso Nacional de SEMERGEN. Como explicaba Dunia Montalvo, residente de Medicina Familiar y Comunitaria y miembro del Grupo de Trabajo de Atención a la Mujer de SEMERGEN , la violencia de género aumentó durante el confinamiento. Sin embargo, “aún existe mucha reticencia a preguntar por este tema en consulta”. Sobre todo por una cuestión de falta de formación.

Cómo realizar el cribado sobre violencia de género

Ante esta situación Paula Guerrero, médico de familia y miembro del Grupo de Trabajo de Sexología y Atención a la Mujer de SEMERGEN, insistía en la importancia de incluir preguntas de cribado sobre violencia de género. Especialmente para realizar una búsqueda activa de casos. Estas irían dirigidas a todas las mujeres mayores de 14 años y se introducirían igual que se pregunta por el consumo de alcohol o tabaco. Simplemente preguntar por la tensión percibida en el entorno de la pareja ya puede funcionar como signo de alerta.

Más allá del cribado sobre violencia de género también existen signos de alerta. El profesional debe conocer los mismos y anotarlos aunque la mujer acuda por otro tipo de consulta. Estos son algunos como: consultas frecuentes, sintomatología persistente e inespecífica, trastornos del sueño y de la alimentación, retrasos u olvidos de las citas, envejecimiento prematuro, etc. A veces, los indicadores no aparecen en la mujer, sino en su pareja, que también puede ser paciente y puede llamar la atención por actitudes excesivamente paternalistas o incluso por solicitar o intentar acceder al historial médico de la misma.

En todos estos casos el profesional debe preguntar directamente a la mujer, en un ambiente de confidencialidad, si hay algún problema. Si hay una respuesta afirmativa, es necesario valorar el riesgo en el que se encuentra la mujer. Así, se considera riesgo alto o extremo los casos en los que ha habido amenazas, la violencia se ejerce incluso en público, hay consumo de drogas o hay menores de por medio. En estos casos el profesional debe intervenir realizando un parte de lesiones e informando siempre a la mujer al respecto. En caso de no haber riesgo alto, simplemente se debe acompañar a la mujer. Si es posible, para tratar de desculpabilizar y trazar un plan de salida de la relación. Por último, si se detectan indicios, pero la mujer no reconoce los mismos, igualmente se deben anotar en la historia clínica para su seguimiento.

Impacto en la salud del maltrato

Como recordaba Montalvo,  el maltrato físico, mental, social, económico y sexual también tiene un impacto en la salud de la mujer, que no debe olvidarse. En los casos más graves pueden existir consecuencias físicas como traumatismos o incluso lesiones que lleven a la discapacidad o a la muerte. Pero también existen otras afectaciones. Por ejemplo, en la esfera sexual y reproductiva, con embarazos no deseados, abortos, nacidos con bajo peso, aparición de infecciones de transmisión sexual o dolor pélvico crónico. Asimismo, el estrés puede llevar a otros síntomas somáticos como vómitos, dolor de espalda, de cabeza o dolor torácico.

Incluso, según Montalvo, hay estudios que relacionan la violencia de género con la aparición de patologías como la hipertensión arterial, diabetes o cardiopatía isquémica, generalmente relacionada con el estrés mantenido, el escaso ejercicio físico por no salir de casa o el abuso de sustancias como el alcohol y el tabaco. Es por ello que es importante no solo formar al profesional, sino también sensibilizar a la paciente de que la Atención Primaria es un recurso en el que puede pedir ayuda y sentirse apoyada. “La Medicina de Familia, al final, también va de encontrar problemas sociales que influyen en la salud”, concluía Montalvo.