A través de una conferencia virtual organizada por Laboratorios Roche, el médico hematólogo Dr. Aldo Scherling Ocampo del Hospital ISSSTE Zaragoza, en México, con 6 años de experiencia atendiendo cánceres hematológicos detalla los tipos más frecuentes de Linfoma No Hodgkin de los más de 50 que existen. Coincide con el Día de la Concientización del Linfoma que se conmemora cada 15 de septiembre como una iniciativa de Lymphoma Coalition.

Esta enfermedad aparece cuando las células sanas sufren mutaciones en los linfocitos b y t que crecen de manera desordenada y pueden ser causadas por diversos factores. Infecciones virales como la hepatitis, infecciones bacterianas como la Helicobacter Pylori, por deficiencias inmunológicas, causas reumatológicas como la artritis reumatoide, inmunodeficiencia adquirida y el menor de los casos enfermedades congénitas y factores ambientales como uso de pesticidas y herbicidas.

Al ser una enfermedad predominante en genes de raza caucásica, es poco prevalente en los mexicanos, en quienes afecta en un 7%, mientras a los caucásicos afecta en aproximadamente al 30%. De manera general, son más frecuentes en hombres que en mujeres y suele diagnosticarse entre los 60 y 70 años.

Ocupa el séptimo lugar frente a los demás tipos de cáncer y es la neoplasia maligna hematológica más frecuente y requiere un estricto seguimiento para poder determinar el mejor tratamiento de acuerdo con los casos.

Síntomas de los linfomas

Los linfomas suelen ser asintomáticos y regularmente su sospecha de diagnóstico llega a las manos del médico por un estudio de sangre fortuito que deja ver problemas plaquetarios, de anemia o elevación de linfocitos.

Los linfomas pueden provocar compresión de los órganos por presentación de ganglios grandes. En el caso del estómago por una plenitud temprana. En la vejiga por poca retención de la orina o disminución de la misma.

El conjunto llamado síntomas b son conocidos por la pérdida de peso no intencionada de hasta 10% del peso en 6 seis meses, sudoración profusa nocturna, fiebre de predominio nocturno no justificado y constante.

Pruebas diagnósticas de los linfomas

Si el médico internista o general tiene sospecha o pruebas clínicas que coincidan con este perfil, deben ser enviadas lo antes posible con un especialista para hacer pruebas de diagnóstico para confirmar y si es así determinar el tipo de LNH que padecen.

Las pruebas determinantes son biopsia exsicional o esicional en el ganglio para practicar inmunohistoquímica que revela los linfocitos anormales, estudios de imagen como tomografía axial computarizada, estudios PET, resonancia magnética. Esta última es la más sensible a localizar los linfomas.

Esto permitirá determinar si es linfoma difuso de células b, que puede tener buen pronóstico si es detectado y tratado a tiempo, ya que de no ser así se contempla un deterioro rápido. De los síntomas más notorios es la pérdida de peso y la debilidad, este puede exponer la vida a corto plazo sobre todo en edades avanzadas. Una vez tratado este tiene poco índice de recaida.

El LNH folicular, indolente o de bajo riesgo, tiene un crecimiento muy lento. Sin embargo, una vez tratado tiene un alta tasa de recaída por su lenta replicación a mediano y largo plazo porque la quimioterapia no puede destruir células cancerosas “dormidas”. El linfoma folicular tiene una probabilidad del 10% de convertirse en un linfoma difuso de células b.

Todos tienen tratamiento a través de radioterapia, quimioterapia y muy pocas veces se requiere de un transplante de médula ósea.

Hematología en México

Actualmente en México hay una creciente cantidad de hematólogos que pueden llegar hasta los 500 en todo el país. Sin embargo, por cuestiones de seguridad o de salario se encuentran centrificados. Afortunadamente la especialidad va creciendo con aproximadamente 50 egresados por generación.