Los pacientes se han ido incorporando a la evaluación del medicamento de forma tímida. Sin embargo, varias organizaciones que los representan coinciden en reclamar su participación de forma directa en todo el  proceso de la evaluación de un fármaco. Su presencia debe ser manifiesta desde el inicio para poder aportar el conocimiento y la carga de la enfermedad que no se puede aportar desde otra perspectiva y que debe influir a la hora de validar el uso de los medicamentos.

Así han concluido los representantes de las entidades de pacientes que han participado en el segundo debate de la IX Jornada Somos Pacientes titulada “El papel del paciente en la vida del medicamento”.

La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) fue el primer organismo que incluyó a los pacientes en el círculo de revisión de los Informes de Posicionamiento Terapéutico (IPT) junto con los evaluadores habituales. Pese a que fue un paso muy relevante, esa participación se considera marginal y muy tardía, un punto en el que coinciden todos los debatientes. Por lo tanto, “su capacidad para influir en el resultado final, que es lo interesante y deseable, es muy pequeña”, asegura Arancha Sancho, farmacóloga clínica del Hospital Universitario Puerta de Hierro.

Con el fin de mejorar el proceso,  Daniel Anibal, presidente de Fedhemo y representante de pacientes en el Comité de Medicamentos de Uso Humano de la AEMPS ha propuesto el establecimiento de diálogos estructurados entre evaluadores y pacientes para que se conozca de primera mano las necesidades y demandas que tienen los propios afectados. “Se trata de poder aportar lo que supone la carga de la enfermedad y la carga del tratamiento más allá de revisar un documento en la fase final del proceso”, argumenta.

Prioridad a la experiencia del paciente

“Por mucho que un evaluador se quiera poner en la piel del paciente, es imposible. Se requiere mucho diálogo y conversación, es un tema muy discursivo, no hablamos de números y estadísticas. La evaluación del medicamento tiene que dejar de ser algo constructo, meramente algebraico y científico, para ser algo más discursivo y humano”, asevera.

Antonio, Cabrera, vocal de la Junta Directiva de la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), añade que el paciente puede aportar cercanía, la vivencia, lo que nos pasa, la necesidad que tenemos de ese tratamiento, más allá de la relevancia significativa de los datos que es un rol que no nos toca jugar. “El criterio de un paciente a veces es subjetivo pero, aún así, se tiene que incorporar, no dejarlo como un aspecto secundario, como ocurre en ocasiones”, dice.

En esa línea, Sancho concluye que “el paciente no debe hablar de estadísticas que ya hay quien lo hace, sino del beneficio clínico que le aporta un medicamento en su más amplio sentido, y también de los riesgos, un aspecto que debe tener más relevancia”. “Aportan una experiencia que es crítica para la toma de decisiones”, concluye.

Una participación que Anibal reclama que se regule de manera formal y transparente para que sea óptima. "Que se nos convoque formalmente, que sepamos a qué email dirigirnos, qué procedimiento debemos seguir y cómo hacer llegar las necesidades sanitarias de un colectivo a la Administración".

Sobre el aspecto económico

Por otro lado, Bernard Gaspar, presidente de la Asociación Española de Afectados de Cáncer de Pulmón (AEACaP), ha puesto el acento en que en esas evaluaciones se deben incluir los costes sociales. “Uno de los ejemplos más claros son los pacientes que viven en zonas rurales y que tienen que acudir a hospitales de referencia alejados de sus domicilios con limitaciones de acceso a la zona urbana que genera importantes costes”, subraya.

A estos costes individuales de cada paciente habría que añadir otros como los laborales, los familiares, los de cuidadores o de atención psicosocial. En definitiva, costes sociales que pueden y deben ser medibles e incorporarse a la evaluación del medicamento dentro el sistema de salud, reclama.

Por otro lado, Gaspar alude a las valoraciones de coste-efectividad de tecnologías de cribado. Pone de ejemplo el caso de la utilizada para detectar los tumores de pulmón, una tecnología que ha demostrado salvar vidas pero que se cuestiona su inclusión en el sistema sanitario centrándose en criterios económicos. "Que sea una técnica que salva vidas debería ser suficiente justificación para su implementación”, indica.

Listado de pacientes expertos

Finalmente, otro aspecto abordado en el debate se ha centrado en quién es la persona que debe representar al colectivo de pacientes dentro de ese proceso de evaluación del medicamento. Aunque parezca un tema poco relevante, la farmacóloga relata que es esencial tener identificados los pacientes individuales y a las asociaciones que pueden representar a todos los colectivos. “Es esencial que participen las personas a las que va específicamente dirigido el fármaco, y en esto fallamos muchas veces lo que nos lleva a perder oportunidades”, asegura.

A este referente, el presidente de Fedhemo propone la creación de listados de asociaciones de pacientes y de pacientes expertos en determinadas enfermedades de las que hay una representación menor y tienen un interés legítimo. No siempre las asociaciones pueden representar las necesidades de todos los pacientes que representan. Un ejemplo claro son las enfermedades raras. "Quizás no tiene que ser representaciones iguales pero deben poder opinar en las evaluaciones si se ven afectados y evitar que haya monopolios de nadie”, insiste.

En ese sentido, Anibal también sugiere que el procedimiento de participación debe ser  transparente en cuanto a conflicto de intereses para evitar que pueda haber algún oscurantismo en el proceso de la participación de los pacientes. “Transparente, abierto a todos y con una buena explicación de los conflictos de intereses existentes”, resume.