Los parques desempeñan un papel importante para las personas que buscan un respiro en su aislamiento social durante la pandemia, y según una nueva investigación de la Universidad de Drexel, en Estados Unidos lo hicieron sin aumentar la propagación del COVID-19.

El estudio, publicado en el ‘Journal of Extreme Events’, analizó el uso que la gente hacía de 22 parques de Filadelfia y Nueva York durante el punto álgido de la pandemia y no encontró ninguna correlación fuerte entre el uso de los parques y el número de casos confirmados en los barrios circundantes.

El equipo encuestó a los visitantes de los parques durante un periodo de tres meses, de mayo a julio de 2020, en parques pequeños y medianos de Nueva York y Filadelfia. Y comparó las cifras de uso de los parques con las tasas de transmisión de COVID-19 en las áreas que rodean directamente a los parques.

En los primeros meses de la pandemia, la primavera pasada, las directrices de salud pública recomendaban evitar reunirse en grupos grandes al aire libre. En consecuencia, muchos municipios cerraron los parques infantiles públicos con zonas de alto contacto, como columpios y toboganes, por precaución. Pero la mayoría de los parques públicos permanecieron abiertos y, según el estudio, los de Filadelfia y Nueva York siguieron utilizándose durante la pandemia.

El mayor uso no equivalía a una mayor transmisión

Los investigadores seleccionaron 22 parques urbanos pequeños, 15 en Filadelfia y siete en la ciudad de Nueva York, situados en o cerca de barrios que representaban una variedad de niveles de densidad de población relativa y vulnerabilidad, según los datos del Censo y el Índice de Vulnerabilidad Social de los CDC, una herramienta que utiliza los datos del Censo para identificar las comunidades que podrían necesitar apoyo durante los desastres naturales y las situaciones de crisis. Esto permitió al equipo tener en cuenta estos factores al examinar la posibilidad de una relación entre el uso de los parques y la transmisión del COVID-19.

Lo que descubrió es que, independientemente de la ciudad o de la vulnerabilidad social de los barrios adyacentes, en las zonas más densamente pobladas los parques tendían a ser más utilizados. Pero este mayor uso no equivalía a una mayor transmisión de COVID-19, que estaba más relacionada con la vulnerabilidad de los barrios, según el estudio.

“Aunque se requiere un estudio epidemiológico más amplio, esta investigación no aportó pruebas de que el uso de los parques contribuyera a la propagación del COVID-19 –escriben–. El número de visitantes de los parques aumentó con la densidad en Filadelfia, al igual que el número de casos confirmados de COVID-19”.

Los científicos ciudadanos asignados a cada parque observaron cuánto y de qué manera se utilizaban y si los visitantes realizaban o no actividades consideradas de “alto riesgo” para transmitir el COVID-19, como practicar deportes de contacto, no llevar mascarilla o toser sin cubrirse.

En general, sólo un pequeño porcentaje de usuarios de parques no llevaba nunca mascarilla, según el estudio. “Aunque los municipios que cerraron los parques durante la pandemia probablemente lo hicieron por exceso de precaución, nuestro trabajo no muestra ninguna evidencia que apoye el cierre de los parques durante la pandemia –señala Montalto–. El hecho de que la gente siguiera visitando los parques durante los cierres y las primeras fases de la pandemia subraya el evidente valor de los parques como respiro para los residentes urbanos durante las primeras fases de la pandemia”.