Un artículo en la revista científica ‘Journal of Osteopathic Medicine’ ha reunido las investigaciones publicadas sobre la viabilidad y la eficacia del uso de perros detectores de olores para detectar el virus del COVID-19. En su trabajo, los investigadores informan de que la sensibilidad, la especificidad y las tasas de éxito generales notificadas por los estudios de detección de olores con perros son comparables o mejores que los procedimientos estándar de PCR y test de antígenos.

Estos resultados indican que los perros detectores de olor pueden utilizarse para detectar e identificar eficazmente a las personas infectadas por el virus COVID-19 en hospitales, centros de atención a personas mayores, escuelas, universidades, aeropuertos e incluso en grandes concentraciones públicas para eventos deportivos y conciertos.

“El cribado preciso y rápido de los individuos que pueden ser portadores, sintomáticos o asintomáticos del virus COVID-19 seguirá siendo importante para frenar y limitar la propagación de la infección. Estos estudios preliminares sugieren que el uso de perros detectores de olores médicos ofrece un enfoque prometedor“, explica uno de los firmantes de este artículo, Tommy Dickey, profesor de la Universidad de California en Santa Bárbara (Estados Unidos).

Los perros pueden detectar una amplia gama de moléculas con concentraciones extremadamente pequeñas: 1 parte en un cuatrillón, frente a 1 parte en 1.000 millones en el caso de los humanos. Esta capacidad se utiliza para la búsqueda y la identificación de enfermedades con sus químicas y olores individuales.

A partir de las moléculas y partículas de aire inhaladas, los perros pueden detectar moléculas humanas olorosas (compuestos orgánicos volátiles, o COV) que se originan en las células de la piel o el pelo desprendidos, la sangre, el aliento, la saliva, el sudor, las lágrimas, la mucosa nasal, la orina, el semen o las heces. Como los olores perduran, los perros pueden mantener una biblioteca histórica de los olores de moléculas complejas.

“La ciencia y la eficacia del uso de perros en la detección de afecciones y enfermedades como el cáncer, la diabetes, la malaria y la enfermedad de Parkinson, entre otras, están documentadas. Estos nuevos estudios apoyan la realización de investigaciones adicionales para determinar su capacidad de detectar el COVID-19 a escala”, explica otro de los autores, Heather Junqueira.

Para su revisión, los autores evaluaron cuatro estudios recientes que analizan el éxito de los perros detectores de olores en la identificación de COVs asociados a la COVID-19. En primer lugar, describieron el trabajo de un equipo de investigadores colaboradores de Francia y Líbano, que realizó pruebas con 8 perros que habían sido entrenados previamente para detectar tanto explosivos como cáncer de colon.

A estos perros se les presentaron, de forma independiente, muestras de gasa de algodón o lana que habían sido empapadas con sudor de una de las 198 axilas humanas de pacientes de diferentes hospitales. Aunque el coronavirus no tiene olor en sí mismo, los investigadores plantearon la hipótesis de que la infección resultante genera cambios metabólicos que provocan la liberación de un tipo de olor a sudor característico que puede ser detectado por un perro.

Los perros fueron adiestrados para que solo se sentaran frente a una muestra de COVID-19 contenida en una caja con un bote de muestras. Tras cuatro días de entrenamiento con muestras de COVID-19, el porcentaje de éxito de los perros osciló entre el 83 y el cien por cien.

En otro estudio, un equipo de investigación en Alemania llevó a cabo un estudio piloto aleatorizado, doblemente ciego y controlado para determinar si los perros olfateadores previamente entrenados podían detectar con éxito la presencia del virus COVID-19. Los perros fueron entrenados durante una semana para detectar el virus del COVID-19 en muestras de saliva o secreciones traqueobronquiales recogidas de pacientes infectados.

Cada perro, su adiestrador y la persona que observaba el estudio tenían los ojos vendados. El número y la duración de las “inmersiones de la nariz” de cada perro en los agujeros de olor, junto con la localización de las muestras positivas y negativas, se registraron automáticamente y se verificaron mediante un análisis de vídeo con marca de tiempo, que automatizó el proceso y redujo la interferencia del adiestrador.

Los resultados, derivados de 1.012 presentaciones de muestras automatizadas, mostraron una tasa media de detección global del 94 por ciento: 157 indicaciones correctas de positivo, 792 rechazos correctos de negativo, 33 falsos positivos y 30 falsos negativos. Curiosamente, el equipo no informó de ninguna diferencia notable en la capacidad de detección entre el uso de muestras de saliva y de secreción traqueal.

Un tercer estudio realizado por un equipo de Colombia puso a prueba a 6 perros rastreadores adiestrados de razas diversas y mixtas con el fin de desarrollar un método de cribado para detectar el COVID-19 en individuos que pueden ser asintomáticos, presintomáticos o sintomáticos.

Los investigadores desarrollaron un dispositivo para exponer de forma segura a los perros adiestrados en el uso del olor a muestras de COV recogidas de las secreciones respiratorias de pacientes con COVID-19, y su estudio detallado se llevó a cabo en 3 fases, con la tercera en curso.

“De las 6.000 muestras, la actuación de los perros [en ese estudio] dio como resultado una sensibilidad del 95,5 por ciento y una selectividad del 99,6 por ciento. Las altas tasas de éxito entre los distintos tipos de perros sugieren que se puede entrenar a una serie de razas o razas mixtas para detectar eficazmente el COVID-19”, concluye Dickey.