Los Servicios de Anestesiología y Reanimación están viviendo en primera línea el abordaje del COVID-19 en los hospitales españoles, y tal vez los recursos de las Unidades de Recuperación Postanestésica (URPA) “se puedan aprovechar mejor”. En algunos centros estos servicios incluso se están haciendo cargo de, al menos, el 50% de los pacientes ingresados. Julián Álvarez Escudero, presidente de la Sociedad Española de Anestesiología y Reanimación (SEDAR), explica a El Médico Interactivo su visión de la actualidad y apunta áreas de mejora. En breve se reincorporará a su puesto como jefe de Servicio de Anestesiología del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), después de casi un mes desde que notó los primeros síntomas del coronavirus.

“No soy ningún experto en gestión, y menos en gestión de catástrofes y de crisis”, comenta el Prof. Álvarez Escudero, también decano de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Santiago de Compostela, quien organizó el dispositivo quirúrgico tras el accidente del Alvia en Angrois en julio de 2013. “Aquello fueron tres días, y esto parece ser que podría durar dos meses”, comenta.

¿Qué valoración general hace de la situación actual de los hospitales, desde la perspectiva de su especialidad?

Estamos viviendo una situación muy preocupante, y también muy dispar. Los servicios de Anestesiología, aparte de la anestesia propiamente, colaboramos también con los cuidados críticos o cuidados intensivos quirúrgicos. Además, en muchos hospitales disponemos de unidades de cuidados intensivos (UCI), habitualmente muy bien dotadas para hacer trasplantes, cirugía cardiaca, politraumatismos, y con frecuencia incluso tenemos más camas que las UCI médicas.

No es el momento de hacer valoraciones, mas que puramente asistenciales de lo que se necesita y lo que se puede hacer. Es el momento de aliarse, sin ninguna fisura, con la Administración sanitaria. Como presidente de la SEDAR me niego a firmar ninguna carta de crítica; eso debe hacerse en una fase posterior. Por supuesto, habrá que hacer un análisis de esta situación para aprender y no repetir los mismos errores.

¿Cuál es la situación del CHUS?

Nos hemos volcado con la Administración y con nuestros enfermos. La UCI médica tenía el miércoles dos pacientes intubados con COVID-19, mientras que el Servicio de Anestesia tenía 12, con un manejo basado en los más altos estándares de eficiencia y calidad. En mi Servicio tenemos tres anestesiólogos de guardia de presencia en Cirugía, uno en Obstetricia y dos en la UCI quirúrgica. Tenemos 18 camas y dos staff de guardia. En definitiva, se pueden aprovechar mejor los recursos de las Unidades de Recuperación Postanestésica (URPA).

Recientemente la SEDAR ha pedido que destinen estas Unidades y las Áreas Quirúrgicas de los hospitales para la atención de pacientes graves con COVID-19, como una medida para aumentar la capacidad de atención a estos pacientes.

Sí, cuando se necesiten, cuando se saturen los cuidados intensivos médico-quirúrgicos, cardiológicos, etc. Todos los hospitales tenemos planes de contingencia y los recursos se van utilizando de forma progresiva a medida que se necesiten. Posiblemente en Madrid y Barcelona ya se están utilizando todos los recursos disponibles. Cada hospital debe adaptarse a las necesidades del momento.

¿Cree que se podrían utilizar mejor los recursos disponibles? ¿Cuáles se podrían optimizar?

En los medios de comunicación y para una parte de la Administración parecemos en este momento una especialidad transparente, y no puedo entender el motivo. Yo alerté al Ministerio de Sanidad de que, aparte de las UCI, hay otros muchos lugares donde se ventila, como las unidades coronarias, en las UCI pediátricas, etc.

También tenemos un tesoro, que son los quirófanos. Sin duda, son el sitio más seguro del hospital, tienen grandes dimensiones, con al menos tres tomas de gases médicos, con multitud de enchufes eléctricos, con muchísima tecnología de monitorización y ventilación. Algunos quirófanos están vacíos por la reducción de la cirugía programada y se podrían convertir en camas de cuidados críticos.

Además, los quirófanos tienen personal muy especializado desde el punto de vista de los médicos, la Enfermería, etc. Conocen perfectamente las técnicas sofisticadas de oxigenación y de ventilación. Desde la SEDAR avalamos los hospitales que necesiten este recurso para que lo utilicen.

Aparte de los datos de Santiago, ¿cómo están funcionando el resto de las unidades de los hospitales de España?

No tenemos esta información y tampoco nos corresponde hacerla pública. No es labor de la SEDAR transmitir datos de la asistencia de las unidades de Anestesia, no es nuestro cometido. El Ministerio de Sanidad debe informar de los datos de las Comunidades Autónomas, pero no las sociedades científicas, porque tal vez ofrezcamos los datos sesgados. En España hay 700 hospitales, de los que 400 tienen actividad de enfermos graves. Desde la SEDAR estamos en permanente contacto con nuestros socios para aportar documentación, para facilitar el registro de enfermos y poder llegar a conclusiones. Recibimos datos de hospitales concretos, pero no tendría sentido que yo hablara de La Paz de Madrid o de la Fe de Valencia. Además, la situación es muy cambiante, por lo que posiblemente los datos de los que disponemos no serían exactos en estos momentos.

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan en el día a día? ¿Qué material es más urgente conseguir?

La Sanidad es una área estratégica, y me parece inconcebible que en Europa tengamos que importar absolutamente todo y no tengamos capacidad de responder a esta situación. Por ejemplo, deberíamos poner fábricas a hacer equipos de protección individual (EPI), tampoco es una tecnología tan sofisticada. ¿Hay que importarlo también de China? ¿Y todos los genéricos hay que importarlos de China o India? No tiene ningún sentido que la Sanidad no se considere como un área estratégica. Hay una serie de recursos sanitarios sobre los que debemos tener el control en su proceso de fabricación y suministro. Me cuesta muchísimo entender que ni Europa ni España, en tres meses, hayan sido capaces de convertir fábricas para producir material necesario.

¿Cómo valora el porcentaje de profesionales sanitarios contagiados? ¿Cómo se debe afrontar esta situación ante las bajas de médicos y personal sanitario?

Algunos políticos han dicho que nos hemos contagiado por ir a visitar a nuestros familiares. Yo estuve el día 3 de marzo en Madrid porque el Ministerio me convocó a una reunión presencial como presidente de la Comisión Nacional de la Especialidad. En aquel momento no había ninguna limitación para ir.

Trabajar con medidas de seguridad subóptimas aumenta el riesgo, y, efectivamente, hay carencias de equipos. Por cada atención de uno de los pacientes con coronavirus se consumen muchísimos EPI, porque en muchas maniobras se necesitan dos enfermeras, un médico, un auxiliar y un celador, y todos deben estar protegidos y el proceso es largo.

Estoy perplejo porque no hay equipos suficientes, y no me gusta que ahora dependamos de la caridad de algunos gobiernos, cuando hace tres meses sacábamos pecho por nuestro sistema sanitario.

¿Cómo afecta a los profesionales sanitarios la situación que estamos viviendo a nivel personal?

Lo estamos haciendo bien. Los servicios son mucho más dinámicos que la Administración. En mi Servicio están al mando los jefes de Sección, que se han organizado y han cambiado incluso la ratio de profesionales que se dedican a quirófano en la guardia para prever asistencia. Incluso estamos intentando generar algunos descansos para que la gente pueda irse a su casa cuando no es necesaria, evidentemente. Nuestro objetivo es que el personal sanitario se mantenga sano y descansado. Tenemos posibilidades para organizarnos, aunque si la demanda es infinita, la respuesta no existe. Puede llegar un momento en el que el sistema se sature y quiebre. Espero que no ocurra ni en Madrid, ni en Cataluña, ni en Galicia, ni en ninguna comunidad.

¿Y cómo repercute la situación actual en el ámbito emocional de los profesionales sanitarios?

Aunque estoy de baja, todos los días hablo 20 veces con mis compañeros del hospital, entre otras cosas, porque les echo de menos y lamento muchísimo no estar a su lado después de estar tantos años de forma permanente en todas las crisis asistenciales. Yo compruebo cada día que el ánimo es excelente, a pesar del temor por no poder llegar. Es la misma sensación que vivimos el día del accidente del Alvia. Nuestro temor era no tener quirófanos donde operar a los heridos, no tener URPA, camas ni personal con la frescura suficiente para poder atender a los enfermos. Pensar que se te ha muerto un enfermo que en otras condiciones no se hubiera muerto es muy duro. Por ahora el ánimo de mis compañeros es excelente, aunque, probablemente, los problemas vengan después.