Pacientes con neoplasia torácica tratados con inhibidores de la tirosina quinasa (TKI) parecen tener un menor riesgo de ingreso hospitalario en el caso de infectarse por coronavirus. Aquellos tratados con quimioterapia dentro de los tres meses posteriores al diagnóstico de COVID-19 tenían un riesgo de 64 por ciento de morir por el coronavirus. Son datos iniciales del estudio ‘Teravolt’, un consorcio global en el que por ahora se han analizado a 200 pacientes de Italia, Francia y España.

Los resultados, que se han publicado en la revista ‘The Lancet Oncology‘, apuntan también a que los enfermos tratados con inmunoterapias no tuvieron mayor riesgo de mortalidad.

La investigación revela también que la mayoría de los pacientes con cáncer torácico y coronavirus han muerto por complicaciones de COVID-19. El porcentaje mayor de los que murieron fueron hospitalizados. Solo el nueve por ciento ingresó en una Unidad de Cuidados Intensivos.

“Intentamos averiguar las razones de la falta de admisión en la UCI y, para ello, se tomaron decisiones difíciles que limitaron los ingresos a pacientes con cáncer y otras personas con enfermedades terminales debido a la escasez de equipos y personal. Sin embargo, somos conscientes de que detrás de estas opciones también puede haber decisiones de los pacientes. También opciones culturales e institucionales que nuestro trabajo no puede capturar correctamente”, han detallado los expertos.

Los pacientes tratados con anticoagulantes para prevenir coágulos sanguíneos y corticosteroides para reducir la inflamación también tuvieron un mayor riesgo de mortalidad.