Cuando comenzó a trabajar como psiquiatra fue la única mujer de plantilla durante cinco años. “El 75 por ciento eran varones, ahora suponen el 33 por ciento. Estos cambios han revolucionado la atención en Salud Mental porque la realidad es compleja y se ve mejor con la perspectiva de hombres y mujeres trabajando juntos”, explica a la Revista EL MÉDICO, Ana González-Pinto Arrillaga, presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, quien reconoce que “los trastornos mentales más graves en las mujeres aparecen en la adolescencia o primera juventud”.

Cuando una mujer presenta ansiedad, insomnio prolongado, irritabilidad o se auto culpabiliza por ir a trabajar en lugar de cuidar a los niños, no suele plantearse que tiene una patología. En general, acude tarde al psiquiatra o al médico, suele esperar hasta que la solución se hace más difícil. Se tiende a ignorar que son problemas de Salud Mental, que son enfermedades que disponen de tratamiento”, reconoce Ana González-Pinto, actual vicedecana de la Universidad del País Vasco (UPV), donde ejerce como profesora titular de Psiquiatría, acreditada como catedrática (ANECA) en la UPV desde el año 2012.  Su plaza está vinculada a la asistencia como Jefa de Servicio de Psiquiatría en funciones de la OSI Araba en el Servicio Vasco de Salud-Osakidetza. Ana González-Pinto ha dirigido numerosos proyectos de investigación nacionales y europeos y es autora de más de 300 artículos internacionales de alto impacto. Además, ha sido asesora de Ciencia del Gobierno vasco y forma parte del Consejo Asesor de Salud Mental del Gobierno vasco, al mismo tiempo que dirige el grupo de Salud Mental y Fragilidad del Instituto de Investigación BIOARABA. En esta entrevista, González-Pinto sostiene que el sistema sanitario debe desarrollar sistemas online para llegar a todas las personas que sufren algún problema de Salud Mental.

Evidentemente todos somos humanos, pero ¿sufrimos hombres y mujeres las patologías de la misma manera?

Hay algunas diferencias que tienen que ver con diferentes factores, entre otros los biológicos, pero también sociales y culturales.

En casi todas las actividades existe un sesgo de género, ¿también en la enfermedad psiquiátrica?

Algunos factores generales afectan a la patología psiquiátrica, por ejemplo, hay más índices de pobreza entre las mujeres y la pobreza se asocia a más patología mental. Además, el consumo de alcohol, en forma de abuso o dependencia, está más estigmatizado en mujeres que en hombres.

¿Qué patologías del ámbito psicológico y psiquiátrico padecen más las mujeres que los hombres? ¿Tal vez porque sean más autoexigentes?

Hay claramente una patología de predominio femenino: la anorexia nerviosa. Es un trastorno de la conducta alimentaria asociado a una distorsión de la imagen corporal. Las pacientes mantienen pesos de riesgo con desnutrición marcada, pero no perciben esa desnutrición. Suelen ser menores o jóvenes autoexigentes. También los trastornos de ansiedad y depresión afectan más a mujeres. Otras patologías como el autismo, el trastorno por déficit de atención, las dependencias de sustancias y el suicidio consumado se dan más en varones.

Seguramente es mucho mayor el número de psiquiatras ahora que hace 60 años. ¿Contribuye a ello el hecho de que la mujer en estos últimos 50 años haya irrumpido más en el mundo de lo público?

Entiendo que la presencia de más psiquiatras es debida a las políticas de integración de la Salud Mental en la salud general y al reconocimiento de que se necesitan recursos humanos para una buena atención. La integración ha avanzado mucho, pero aún está por completarse. La medicina ha ido feminizándose y la Psiquiatría es el reflejo de esa feminización también. Cuando comencé a trabajar fui la única mujer de plantilla durante cinco años. En los inicios del siglo XXI, yo trabajaba con una plantilla donde el 75 por ciento de los psiquiatras eran varones. Actualmente, son el 33 por ciento. Esto refleja lo que ha pasado en el resto del mundo y los cambios han revolucionado la atención en Salud Mental porque la realidad es compleja y se ve mejor con la perspectiva de hombres y mujeres trabajando en equipo.

Todavía las mujeres son las que más compaginan un trabajo en lo público con el cuidado de mayores y niños. ¿Esto puede ser una fuente de problemas que se manifiestan en patologías psiquiátricas más en ellas que en ellos?

La sobrecarga y el estrés son factores de riesgo para enfermedades físicas y mentales. La sociedad avanza para mejorar estas situaciones, ampliando permisos de maternidad, dando permisos de paternidad y flexibilizando las contrataciones parciales y permisos. No obstante, somos cada uno de nosotros los que tenemos que cambiar para que la sociedad sea más justa. Tenemos que comprender que las sociedades más igualitarias, en cuanto a tareas en el hogar y derechos, son mejores. Espero que los y las jóvenes lo tengan mejor que nosotras, confío en que va a ser así.

Desde que existe la posibilidad de divorciarse y separarse, aparte de los hijos, ¿las mujeres sufren más en el proceso?

Ese es un terreno complejo y depende mucho de cada caso. Generalizar me parece peligroso, pero en la medida que la mujer suele tener peor situación económica, las posibilidades de sufrir son mayores. Pero todos sufren, los hombres también, incluso cuando toman la decisión y tienen una nueva pareja.

Dormir menos y mal, la ansiedad por no llegar, estrés por tener que compaginar la vida privada y la vida profesional, ¿tienen un reflejo en las patologías psiquiátricas en las mujeres?

El sueño es una magnífica herramienta para mejorar la Salud Mental y también un termómetro que nos dice que algo va mal. Hay que cuidar el sueño, hombres y mujeres. Cuando se tienen niños pequeños, el sueño suele estar interrumpido por la necesidad de alimentar al bebé, cambiarle, cuidarle. Esa tarea se podría también compartir, aunque aún estamos lejos de que se haga, en una mayoría de casos, de forma equitativa.

Se habla de una mayor capacidad de las mujeres para sacrificarse. ¿Existe esta capacidad de mayor autoexigencia? ¿Las que no lo hacen presentan síntomas de culpabilidad?

Al final somos hijos de nuestra educación y de nuestra propia historia; y cualquier cambio conlleva cierto grado de sufrimiento. Las mujeres tradicionalmente cuidaban a los mayores. He visto mujeres cuidar, no solo a sus padres, sino también a sus suegros. Incluso seguir cuidándolos a pesar de recibir, en algunos casos, malos tratos. Estas situaciones no deben permitirse, pero ellas solían justificarlo y se sentían tremendamente culpables si no lo hacían. Esto ya ha cambiado y por ello se ha generado un problema social, faltan recursos para atención a los ancianos.

¿Qué tramos de edad de las mujeres son los más propensos a presentar patologías psíquicas?

Los trastornos mentales más graves suelen aparecer en la adolescencia o primera juventud. Los trastornos de ansiedad y depresiones leves-moderadas aparecen al final de la década de los 20 o en los 30 años —aunque pueden darse en cualquier momento de la vida— y a veces se repiten en diferentes momentos. La depresión/ansiedad suele afectar a mujeres casadas, aunque, en parte, es por la edad de aparición del trastorno.

Durante esta pandemia, ¿estas situaciones de patología se están manifestando más en mujeres?

Los trastornos de ansiedad y depresión se dan más en mujeres y el incremento se ha visto también más en el sexo femenino. En un estudio en el que participamos sobre Salud Mental en el personal sanitario, llamado MINDCOVID, hemos visto mayor incidencia en mujeres y en personas que trabajan en primera línea.

Con respecto a la violencia machista no solo física, sino, sobre todo, psicológica e, incluso, social, como no ir por ciertas zonas. ¿Ve que las mujeres sufren por ello más que antes, que padecen más estrés, ansiedad o preocupación?

La violencia contra las mujeres es un problema de salud pública, tanto por las muertes que provoca como por los problemas de salud física y mental que produce en las víctimas directas (mujeres, hijas e hijos). Las consecuencias de la violencia para la salud de las mujeres abarcan la esfera física (homicidio, riesgo de suicidio, lesiones físicas y enfermedades de trasmisión sexual) y la Salud Mental (trastornos por estrés, adaptativos trastornos con síntomas depresivos y ansiosos, incluyendo diversas somatizaciones). En el caso de las mujeres con trastornos mentales, también el empeoramiento de la sintomatología del trastorno mental de base. Ahora hay mayor sensibilidad, esperemos que pronto se traduzca en una reducción de la violencia machista.

¿El bullying, sobre todo, laboral, pero también social e, incluso, familiar, necesita asistencia psiquiátrica/psíquica?

El bullying especialmente es un fenómeno traumático asociado a la Salud Mental y a las enfermedades mentales. Afecta a hombres y mujeres.

Existe la idea de que cuando tienes un problema psiquiátrico, si tienes dinero vas a consulta privada, y si no, te tienes que preparar para esperar largos meses en la Sanidad Pública. ¿De qué forma afecta esto a las mujeres?

Creo que hay dos cuestiones: una es saber a quién dirigirte y otra que el sistema sanitario tiene que desarrollar aún sistemas de atención online para llegar a todos. La atención se da en los centros de Atención Primaria, pudiendo dirigirse si hay dudas al Consejo Sanitario. Hay trastornos muy leves y en Osasun Eskola hay recomendaciones de prevención que pueden ser útiles. Es cierto que la pandemia ha saturado la Atención Primaria y por ello se debería tener un sistema de atención online. Por poner un ejemplo, en Osakidetza, junto con Kronikgune y ayudas del 7º Programa Marco europeo, desarrollamos psicoterapias breves online para el tratamiento de la depresión.

En general, ¿las mujeres prefieren ser atendidas por mujeres o no encuentran una diferencia sustancial en esta preferencia?

Hay de todo, pero, en general, las mujeres aceptan bien el tratamiento por parte de mujeres. Personalmente, tampoco me he encontrado con problemas con varones, son personas que buscan ayuda y se sienten aliviados al recibirla.

Hasta no hace muchos años, cuando a una mujer se la veía alterada, se le solía decir que era una histérica. ¿Se ha tomado conciencia de que detrás hay una dolencia?

Ha sido un cambio espectacular. Cuando empecé a trabajar, me irritaba muchísimo ese tipo de comentarios, pero ahora eso no es algo que ocurra.

A la hora de ser tratadas de estos sufrimientos psíquicos. ¿Qué nos diría que prefieren las mujeres como proceso de sanación, más fármacos o tratamientos psicológicos, grupales? ¿O una combinación de ambas?

Mi experiencia es que las personas desean dejar de sufrir. Siempre es necesario el tratamiento psicológico, lo damos habitualmente. Estamos cualificados para ello, el decreto de formación MIR avala a los psiquiatras para dar ese tipo de tratamientos. A veces, nos sorprende que eso que es tan evidente no sea conocido. Si el sufrimiento es inaguantable, las personas piden un tratamiento farmacológico que les permita trabajar psicológicamente en un cambio personal que les ayude a que la situación que viven no se repita.