Los traumas infantiles como abuso o violencia a temprana edad muestran en los niños signos biológicos de envejecimiento más rápido que aquellos que nunca han experimentado adversidades, según una investigación de la Asociación Americana de Psicología.

El estudio, publicado en la revista ‘Psychological Bulletin‘, examinó tres signos diferentes de envejecimiento biológico: pubertad temprana, envejecimiento celular y cambios en la estructura cerebral, y descubrió que la exposición al trauma estaba asociada con los tres.

Los traumas infantiles son un poderoso pronóstico de resultados de salud más adelante en la vida, no solo los resultados de salud mental como depresión y ansiedad, sino también resultados de salud física como enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer”, avanza Katie McLaughlin, profesora asociada de Psicología en la Universidad de Harvard y autora principal del estudio.

“Nuestro estudio –añade– sugiere que experimentar violencia puede hacer que el organismo envejezca más rápidamente a nivel biológico, lo que puede ayudar a explicar esa conexión”.

Investigaciones anteriores ya habían encontrado evidencia sobre la adversidad infantil vinculada al envejecimiento acelerado. Sin embargo, esos estudios analizaron muchos tipos diferentes de traumas infantiles (abuso, negligencia, pobreza y más) y varias medidas diferentes de envejecimiento biológico.

 

Signos de envejecimiento por traumas infantiles

Para afinar los resultados, McLaughlin y su equipo decidieron analizar por separado dos categorías de adversidad: la adversidad relacionada con la amenaza, como el abuso y la violencia, y la adversidad relacionada con la privación, como la negligencia física o emocional o la pobreza.

Realizaron un metanálisis de casi 80 estudios, con más de 116.000 participantes en total. Descubrieron que los niños que sufrieron traumas relacionados con amenazas, como la violencia o el abuso, tenían más probabilidades de entrar pronto en la pubertad y también mostraban signos de envejecimiento acelerado a nivel celular, incluido el acortamiento de los telómeros.

Por el contrario, los niños que experimentaron pobreza o negligencia no mostraron ninguno de esos signos de envejecimiento temprano.

En un segundo análisis, los autores revisaron sistemáticamente 25 estudios con más de 3.253 participantes que examinaron cómo la adversidad temprana afecta el desarrollo del cerebro y descubrieron que los traumas infantiles estaban asociados con la reducción del grosor cortical, un signo de envejecimiento, porque la corteza se adelgaza a medida que envejecemos.

Sin embargo, diferentes tipos de adversidades se asociaron con adelgazamiento cortical en diferentes partes del cerebro. El trauma y la violencia se asociaron con adelgazamiento en la corteza prefrontal ventromedial, que está involucrada en el procesamiento social y emocional, mientras que la privación se asoció con mayor frecuencia con el adelgazamiento en las redes frontoparietales, por defecto y visuales, que están involucradas en el procesamiento sensorial y cognitivo.

Adaptación evolutiva

Según McLaughlin, estos tipos de envejecimiento acelerado podrían haberse derivado originalmente de adaptaciones evolutivas útiles. En un ambiente violento y lleno de amenazas, por ejemplo, alcanzar la pubertad antes podría hacer que las personas tengan más probabilidades de reproducirse antes de morir.

Al mismo tiempo, un desarrollo más rápido de las regiones del cerebro que juegan un papel en el procesamiento de las emociones podría ayudar a los niños a identificar y responder a las amenazas, manteniéndolos más seguros en entornos peligrosos. Pero estas adaptaciones que alguna vez fueron útiles pueden tener graves consecuencias para la salud y la salud mental en la edad adulta.

La nueva investigación subraya la necesidad de intervenciones tempranas para ayudar a evitar esas consecuencias. Todos los estudios analizaron el envejecimiento acelerado en niños y adolescentes menores de 18 años.

“El hecho de que veamos pruebas tan consistentes de un envejecimiento más rápido a una edad tan joven sugiere que los mecanismos biológicos que contribuyen a las disparidades de salud se ponen en marcha muy temprano en vida. Esto significa que los esfuerzos para prevenir estas disparidades de salud también deben comenzar durante la infancia”, destaca McLaughlin.

Existen numerosos tratamientos basados en la evidencia que pueden mejorar la salud mental en niños que han experimentado traumas, apunta. “Un próximo paso fundamental es determinar si estas intervenciones psicosociales también podrían ralentizar este patrón de envejecimiento biológico acelerado. Si esto es posible, podremos prevenir muchas de las consecuencias para la salud a largo plazo de la adversidad en la vida temprana”, concluye.