Una nueva investigación del ‘Healthy Nevada Project’, de la Universidad de Nevada (Estados Unidos), ha descubierto que las personas con rasgos genéticos específicos y que experimentan traumas en la infancia tienen más probabilidades de sufrir obesidad en la edad adulta.

Así, el estudio, que se ha publicado esta semana en ‘Frontiers in Genetics’, ha establecido asociaciones entre la genética, la obesidad y los traumas infantiles, vinculando los determinantes sociales de la salud, la genética y la enfermedad.

En 2016, Desert Research Institute y Renown Health lanzaron el ‘Healthy Nevada Project’, el primer estudio de salud poblacional basado en la comunidad del país, que ahora cuenta con más de 60.000 participantes.

El proyecto es una colaboración con la empresa de genómica personal Helix, y combina datos genéticos, ambientales, sociales y clínicos para abordar las necesidades de salud individuales y comunitarias con el objetivo de mejorar la salud en todo el país.

Según las conclusiones del equipo de investigación, los participantes en el estudio que habían experimentado uno o más tipos de experiencias adversas en la infancia tenían 1,5 veces más probabilidades de convertirse en adultos obesos. Los participantes que habían sufrido cuatro o más tenían más del doble de probabilidades de convertirse en adultos gravemente obesos.

Clave para iniciar intervenciones tempranas

"Comprender que los traumas infantiles, como el abuso, la pobreza, la inseguridad alimentaria y las malas relaciones con los cuidadores primarios aumentan el riesgo de obesidad de una persona, pero también interactúan con su genética, es clave para entender cómo podríamos proporcionar intervenciones más tempranas y ayudar a reducir las disparidades de salud", afirma el presidente y CEO de Renown Health, Tony Slonim.

"Nuestro análisis mostró un aumento constante del IMC por cada experiencia infantil adversa que experimentaba una persona, lo que indica una asociación muy fuerte y significativa entre el número de traumas infantiles y la obesidad en la edad adulta", afirma la autora principal, la doctora Karen Schlauch.

"Y lo que es más importante, el IMC de los participantes reaccionó aún más fuertemente a la ocurrencia de las experiencias infantiles adversas cuando se emparejaron con ciertas mutaciones en varios genes, uno de los cuales está fuertemente asociado con la esquizofrenia", explica.

"Sabemos que la genética afecta a la obesidad, y ahora estamos reconociendo que las experiencias infantiles adversas también afectan a la enfermedad", expresa el investigador principal del Healthy Nevada Project, Joseph Grzymski.

El equipo del estudio cree que es importante que los cuidadores clínicos comprendan el fuerte impacto que las experiencias negativas de la infancia pueden tener en la salud tanto del niño como del adulto. Los investigadores esperan que la información de este estudio aliente a los médicos y enfermeras a realizar exámenes sencillos para detectar dichos eventos y considerar el entorno social y la historia de un paciente en combinación con la genética al desarrollar planes de tratamiento para mejorar la salud del paciente.