El CEIPC ha publicado recientemente la adaptación española de la Guía Europea 2016 con el objetivo de contar con un único documento consensuado con principios homogéneos por parte de todas las sociedades científicas que integran el Comité. Sobre su adaptación, novedades y manejo en riesgo cardiovascular, estrategias poblacionales y capacitación de los pacientes han hablado destacados expertos en el transcurso de la mesa redonda “Adaptación de las Guías Europeas de prevención cardiovascular 2016” que ha tenido lugar este jueves en el Ministerio de Sanidad como parte de las VII las Jornadas Científicas del Comité Interdisciplinario para la Prevención Cardiovascular (CEIP).

La primera intervención corrió a cargo de Carlos Brotons, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, quien, entre otras cuestiones, manifestó que las Guías en prevención cardiovascular dejan claro que la evaluación del riesgo cardiovascular se tiene que calcular, sobre todo, en pacientes de alto riesgo y, al menos, cada cinco años. Por otro lado, en la población joven se puede dar el caso de que el riesgo absoluto nunca llegue a ser alto, por lo que se debe comprobar el riesgo relativo. Herramienta útil sería también la edad vascular, así como el denominado riesgo de por vida, que puede ofrecer una perspectiva del riesgo real de ese paciente joven. En este sentido, el experto y su equipo han desarrollado una ecuación dirigida a la población laboral con la que calcular el riesgo de por vida, y en estos momentos se encuentran en proceso de evaluación externa.

En cuanto al riesgo en personas mayores, las Guías indican que se actúe con mucha más prudencia a la hora de iniciar o intensificar los tratamientos, y en lo referente a genética apuntan la conveniencia de realizar la historia familiar, pero no los tests genéticos, al no disponerse de suficientes evidencias. Respecto a los biomarcadores plasmáticos urinarios, las Guías son mucho más estrictas y recomiendan no medirlos de manera rutinaria; y en lo referente a las técnicas de imagen para detectar enfermedad vascular preclínica, indican que “pueden considerarse”, pero no llevarlas a cabo de forma habitual, ni tampoco realizar screening de la íntima-media carotídea.

Estrategia poblacional

La cifra de fallecimientos por enfermedad coronaria se estabilizó a principios de este siglo y se está produciendo una reducción en el número de muertes; también en el de altas hospitalarias. Sin embargo, la mortalidad prehospitalaria por infarto de miocardio no se ha modificado en los últimos 25 años. En opinión de Roberto Elosúa, del CEIPC y la Sociedad Española de Epidemiología, “hemos sido eficaces para reducir el número de casos y la letalidad, pero no en los casos de infarto de miocardio que se presentan antes de llegar al hospital, y esto solo se puede lograr con estrategias de prevención primaria”. En este sentido, según él, las bases que justifican la estrategia de prevención a nivel poblacional son, básicamente, que está dirigida a toda la población, y el gran beneficio a nivel, no individual, sino poblacional. Al definir estrategias de prevención es necesario tener en cuenta que la salud individual depende de cada uno, pero también de factores sociales, económicos, ambientales…por lo que hay que pensar a nivel global.

Existen cuatro factores sobre los que, en opinión del experto, se puede actuar. Por un lado, la hipertensión, y en este sentido destaca el hecho de que, si bien las Guías americanas tienen como objetivo un consumo inferior a 1,5 g de sodio al día, en 2013 en nuestro país el porcentaje fue de 2,7 g en hombres y de 2,4 en mujeres, “gran parte procedente de productos precocinados”. “A pesar de las diferentes campañas para limitar su consumo (con fabricantes de harina, pan, productos cárnicos…), en todos los casos se trata de convenios, no de legislación”, señala Elosúa. Respecto a la obesidad, a pesar de la existencia de un documento de consenso desde los Ministerios de Sanidad y Educación en relación con la frecuencia semanal de consumo de determinados alimentos en centros educativos y con el marco de actuación para proporcionar alimentos y bebidas en máquinas expendedoras, estudios realizados en la Comunidad de Madrid demuestran un elevado porcentaje de no adherencia. En este sentido, el ponente expuso la estrategia de salud pública implementada en Méjico ante el gran problema que viene padeciendo el país de obesidad y sobrepeso consistente en un programa de impuestos (10%) sobre bebidas azucaradas. Medida similar se está llevando a cabo en Cataluña, aunque aún sin datos de resultados. Finalmente, en cuanto al tabaco, aunque la legislación ha sido efectiva al reducirse la tasa en un 17%, las Guías europeas insisten en nuevas medidas.

Roberto Elosúa considera que la estrategia poblacional tiene que ser transversal, incluyendo diferentes agentes sociales, desde políticas de estado a diferentes comunidades. En su opinión, el Estado tiene que velar por los intereses de la población con consensos o leyes, y las políticas tienen que ser interministeriales y centradas en toda la población, desde la infancia hasta la edad adulta.

Otra de las intervenciones corrió a cargo de Cristina Gómez Menor, de la Federación de Asociaciones de Enfermería Comunitaria y Atención Primaria, quien opina en cuanto a las estrategias para mejorar la adherencia a la medicación, que la evaluación de la adherencia debe hacerse de forma rutinaria, sin método enjuiciador. Y en lo referente a la atención a la cronicidad, sostiene que debe producirse en un contexto en el que los pacientes suficientemente informados tengan un papel activo y sean los auténticos protagonistas de la enfermedad dentro de un modelo asistencial orientado a ellos de forma proactiva.

El Comité Interdisciplinario para la Prevención Cardiovascular (CEIPC) está integrado por 15 sociedades científicas y representantes de la Dirección General de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad y del Instituto de Salud Carlos III.