Redacción. Madrid.- Más de 12.000 profesionales de la Salud (médicos, farmacéuticos, veterinarios, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales, etc.) han firmado un manifiesto en contra de la guerra de Irak, que han enviado al presidente del Gobierno, José María Aznar.

"Como ejercientes de una profesión cuya razón de ser es mejorar la salud y preservar, en lo posible, a los seres humanos de la enfermedad y la muerte, no podemos permanecer impasibles ante esa forma de entender las relaciones internacionales", denuncian en el manifiesto.

Una de las herencias más vergonzosas que arrastramos del pasado siglo XX, según estos profesionales, es la aparición de una nueva forma de guerra, caracterizadas por la desproporción de fuerzas entre atacantes y atacados, el uso ofensivo de armas de destrucción masiva, los daños medioambientales, el elevado número de víctimas producidas entre la población civil, y el masivo flujo de refugiados. Ejemplos recientes de ésta clase de desastres humanitarios son los que hemos conocido en Irak, Yugoslavia o Afganistán.

Es ahora, precisan, cuando ya no existe el enfrentamiento entre las superpotencias que dominó el último medio siglo, cuando asistimos a la mayor escalada militar de la historia, protagonizada por un solo gobierno que se ha arrogado el papel de gendarme mundial, legislador, juez y parte en aquellos asuntos que sus autoridades decidan como de "interés nacional". Hasta ahora, éste "interés nacional" del gobierno norteamericano ha sido asegurarse el suministro de petróleo y demás materias primas. Sin cambiar de objetivo, desde el 11 de septiembre, EE.UU. usa la "Lucha contra el Terror" y la "Guerra Preventiva" como bandera bajo la que se han alineado la mayoría de los gobiernos europeos para perseguir, bombardear e invadir a los unilateralmente calificados como Estados terroristas.

La carta continúa haciendo alusión a que "esta dinámica belicista ha dejado y dejará un rastro de destrucción y muerte, tanto por las víctimas directas de la guerra, como por el impacto que el armamento usado ha tenido, y tendrá durante generaciones en la salud de las personas y de los ecosistemas, sólo hay que recordar Hiroshima, Vietnam, Afganistán e Irak. Nunca conoceremos con exactitud el armamento utilizado en las guerras contra Irak, Yugoslavia, Afganistán o Palestina, ya que buena parte del mismo ha sido radiactivo, biológico y químico, expresamente prohibido por el Derecho Internacional. En el caso de Irak, y sin contar con las víctimas directas de la guerra de 1991, el embargo ha causado la pérdida de más de un millón de seres humanos, más de la mitad infantiles. Ésto en un país que, hasta entonces, incluso con Sadam Hussein, disfrutó de una de los mejores sistemas de salud de su entorno, con cifras comparables a las de los países occidentales en mortalidad infantil y esperanza de vida. Sin duda éste nuevo conflicto, añadirá más muertos, dolor y sufrimiento a la población del país".

Por otra parte, los profesionales sanitarios critican que "desde los países cuyos gobiernos emprenden ésta carrera militar, es nuestro deber denunciar tanto ésta onerosa escalada militar, como la instauración de unas economías dependientes hasta en un 50 por ciento de actividades relacionadas con el desarrollo, producción y destrucción de armamento. Paradójicamente, es en éstos mismos países donde los dirigentes se niegan a invertir en servicios públicos de salud. Es más, en las últimas décadas estamos asistiendo al desmantelamiento de los Estados de Bienestar, y a la privatización de los Servicios Públicos de Salud de la UE, justificados hipócritamente por ser una "excesiva carga" para los presupuestos públicos. Es desgraciadamente aleccionador que Estados Unidos derroche dinero en la guerra cuando no garantiza la asistencia sanitaria a su población".

Por todo ello, nosotros, herederos de una antigua tradición de respeto a la vida, y apostando por la instauración de formas de convivencia pacífica entre las naciones, rechazamos la guerra.

Este manifiesto ha sido secundado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Publica, Médicos del Mundo, Federación de Planificación Familiar de España, Sociedad Española de Medicina General, Farmacéuticos Mundi, Farmacéuticos en Paro, Asociación Gallega de Medicina Familiar y Comunitaria, Asociación Inspección Servicios Sanitarios de la Comunidad de Madrid y Asociación Facultativos Hospital Virgen del Rocío.