Uno de los factores de riesgo conocidos de la COVID-19 es la enfermedad renal. Es por ello que el 50º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología ha abordado también el impacto de la pandemia en los enfermos renales. Así, durante el mismo se ha puesto de manifiesto que más de 2.000 pacientes en Tratamiento Renal Sustitutivo se han visto afectados por el SARS-CoV-2 desde el pasado marzo hasta octubre en España. Analizando estos datos, han destacado los casos de pacientes en hemodiálisis (con un 53 por ciento de los casos afectados). El perfil del paciente renal afectado por COVID-19 es un hombre (2/3 de los casos), de 60 años de edad media, y en un 22 por ciento diabéticos. La mortalidad global en los pacientes renales ha sido superior al 25 por ciento de los casos.

Estos datos se desprenden del Registro de COVID-19 de la S.E.N. Cabe tener en cuenta que en España hay actualmente un total de 61.000 pacientes en Tratamiento Renal Sustitutivo. Esto supone superar las 1.300 personas por millón de población.

En este sentido, los nefrólogos han señalado que estos datos no han sido mayores gracias al protocolo de actuación establecido con el Ministerio de Sanidad. En el mismo se establecieron las pautas para atender a los pacientes renales en las unidades y centros de diálisis españolas.

Aumento de personas en Tratamiento Renal Sustituto

Además del impacto de la COVID-19, desde la S.E.N han advertido del aumento de personas en Tratamiento Renal Sustituto. Todo ello derivado de un aumento de la enfermedad renal crónica en España.  En concreto, la prevalencia de la Enfermedad Renal Crónica en España ha crecido casi un 30 por ciento en la última década. Además, la tasa de mortalidad ha crecido más de un 30 por ciento en la última década. En 2018 fallecieron 5.100 personas en Tratamiento Renal Sustitutivo en nuestro país. Esto supone 14 personas fallecidas al día.

Según destacan los nefrólogos, este aumento de la incidencia de la ERC se relaciona con aspectos como el envejecimiento de las personas. Aunque sobre todo con factores de riesgo como la diabetes y la enfermedad cardiovascular (responsables del 50 por ciento de los casos). También destacan la obesidad, la hipertensión arterial o el tabaquismo. De ahí que subrayen la importancia de adoptar hábitos de vida saludables, para frenar el avance de esta patología. La misma, además, presenta síntomas son poco reconocibles en sus estadios iniciales. Esto supone que cuenta con una tasa de infradiagnóstico que supera el 40 por ciento.