L.S. Barcelona.- "Necesitamos que los directivos sean más clínicos y menos gestores, que piensen más en las personas y menos en los presupuestos". Así expresaba el doctor Josep Casajoana, médico de familia del Equipo de AP Gòtic y director del servicio de AP Ciutat Vella (Barcelona), una de las principales reclamaciones de los médicos de familia catalanes. La mejora de la relación entre el profesional médico y su equipo directivo, así como de la relación médico-paciente han centrado el debate en la primera Jornada de Directivos de Equipos de Atención Primaria organizada por la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (SCMFiC).

Despojarse del pensamiento economicista. Tal y como señala Casajoana, "actualmente tenemos directivos de recursos humanos, pero éstos tendrían que pensar en que más que recursos son personas, deberían ser directivos de departamentos de personas". Por ello, los médicos de familia reclaman una mayor accesibilidad de los gestores, una mejora de las vías de comunicación entre estos profesionales y un esfuerzo del equipo directivo por conocer la realidad de la consulta de Atención Primaria. "A diferencia de lo que ocurre con la especializada, los gestores de la Atención Primaria suelen ser médicos. Sin embargo, son profesionales que o no han trabajado nunca en la práctica clínica diaria de este sector, o lo han hecho hace mucho tiempo", subraya este médico de familia, quien asegura que "las cosas cambian muy rápido y si no conoces la realidad de la consulta es muy difícil dirigir el sector". A modo de ejemplo, el experto describe una situación común para el médico de familia: el médico tiene 40 personas en su consulta diaria, tiene que marcharse a hacer formación y, sin embargo, no dispone de un sustituto.

Esta situación, "generalizada en todo el país", se da además por otra circunstancia: "el gestor trabaja con un presupuesto anual, de tiempo limitado, pero un paciente, la mayoría de las veces, obtiene resultados a largo plazo", esgrime Josep Casajoana.

Relación médico-paciente

En cuanto a la relación médico-paciente, la Jornada de la SCMFiC puso de manifiesto viejas reclamaciones a las que se propusieron nuevas vías de solución. La falta de tiempo, trato poco personalizado, un paciente cada vez más informado y con mayores expectativas,… son algunas a las que se hizo referencia y para las cuales se propusieron soluciones como: que el paciente participe en los órganos de gobierno del sistema sanitario, un mayor entrenamiento profesional "para que el médico pueda interactuar y dar respuesta a las crecientes expectativas del enfermo", tal como señala el doctor Francesc Borrell, director del equipo de AP La Gavarra de Cornellà de Llobregat (Barcelona), así como potenciar iniciativas que ya están empezando a realizarse como la libre elección del médico, la articulación de sistemas de información más ágiles y la gratuidad de los certificados médicos.

Coordinación en la financiación y compra capitativa

El actual sistema de financiación se encuentra en "una conjunción inflacionista", asegura Guillem López, catedrático de economía de la Universidad Pompeu Fabra y director del Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES). Superar esta situación pasa, según los especialistas, por la creación de un nuevo entorno de coordinación del sistema de financiación. Coordinación que mejoraría, a juicio del catedrático de economía, "con el establecimiento de nuevos entes donde la Atención Primaria esté asentada con voz y voto", ya que, continua López, para coordinar y mejorar la financiación se requiere "que la AP tenga autonomía y que la especializada tenga interés en esta coordinación".

Como opción de futuro, Guillem López habló de la compra capitativa, un sistema que se caracteriza por la gestión de episodios clínicos, por la dotación presupuestaria anual bajo criterios geográficos y poblacionales, teniendo en cuenta las necesidades de la población y planificando la trayectoria, y los recursos que consumirá un determinado paciente, en los distintos niveles asistenciales. Este sistema es objeto de cinco pruebas piloto en Cataluña en las regiones sanitarias de la Cerdanya, Baix Empordà, área del Maresme, Osona y Altabrat.