Redacción, Jaén.- "Mejorar la relación médico-paciente y potenciar el conocimiento de la enfermedad por parte del enfermo evitaría, en gran medida, la ansiedad que está producida por el temor a tener una enfermedad grave y que padecen la mayoría de los pacientes con síndrome del intestino irritable", según ha manifestado el presidente la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), Manuel Díaz-Rubio, en el marco de la XXXIV Reunión Anual de la Sociedad Andaluza de Patología Digestiva, celebrada en Jaén.

"Hemos de tener en cuenta que los pacientes con síndrome del intestino irritable (SII) habitualmente se preocupan más de su patología que de disfrutar de la vida, porque siempre tienen la incertidumbre de si estos síntomas puedan ser origen de un tumor o de otra enfermedad grave", ha explicado el presidente de la SEPD. Así, estos pacientes suelen demandar al médico nuevas pruebas y exploraciones para detectar otra posible patología.

Tal y como señalan los expertos, otro de los problemas de los pacientes que padecen este trastorno funcional es el aislamiento, porque sus familiares no comprenden la sintomatología del enfermo y éste tiene que vivir a solas dicha enfermedad. Aunque no se conocen exactamente las causas de la enfermedad, existen factores

genéticos y psicógenos, e incluso infecciosos, que influyen claramente en su desarrollo. Asimismo, la dieta, el estilo de vida y el estrés emocional son los principales factores de exacerbación del SII.

Según el último estudio de prevalencia realizado en España, en base a los criterios de Roma II, que establecen los parámetros de diagnóstico de la enfermedad en la presencia continua o recurrente de los síntomas durante al menos tres meses, el síndrome de intestino irritable afecta al 3,3 por ciento de la población española.

Además, este trastorno ocasiona un número importante de bajas laborales, que suponen un coste sociosanitario considerable. Según los datos de un estudio realizado en Estados Unidos, el absentismo laboral de los pacientes que sufren este síndrome es de 13,4 días al año, frente a los 4,9 días anuales del grupo de control.

"Aunque la estrategia de diagnóstico no es difícil, una vez se hayan descartado alteraciones orgánicas, a veces lo médicos tienen dificultades en el manejo de estos pacientes " según ha señalado el profesor Manuel Díaz-Rubio-, porque los factores psicológicos (primarios o secundarios) están muy presentes y, en ocasiones, su calidad de vida es muy deficiente y porque, en definitiva, es un paciente muy dependiente del médico".

De ahí que el presidente de la SEPD haga una reflexión al tiempo que se debe dedicar a explicar al paciente su enfermedad íntegramente, a conocer su propia personalidad y a involucrarle en todo el proceso de la patología, manteniendo con el paciente una relación fluida.