La situación de la pandemia por la COVID-19 ha propiciado que las residencias de personas mayores se hayan tenido que atender de forma improvisada. La medicalización de estos centros sociosanitarios parece una alternativa real y eficiente para la asistencia futura de sus residentes, manteniendo la excelencia asistencial.

Así ha concluido una mesa sobre los aprendizajes y los retos que ha dejado la crisis del coronavirus en la atención sociosanitaria de las residencias. Una sesión que se ha celebrado en la jornada previa al 22 Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria. Y cuyo objetivo ha sido analizar la gestión que se ha realizado de esa atención durante las primeras olas de la pandemia para poder valorar proyectos de futuro.

Celso Ortiz, director gerente del Área de Gestión Sanitaria de Osuna, Sevilla, ha destacado que la medicalización de las residencias permite un abordaje multidisciplinar del paciente en el mismo lugar en el que reside. Una situación que implica numerosas ventajas para el paciente que suele ser crónico y polimedicado.

“La medicalización de las residencias de mayores, en el marco de una sociedad afectada por la pandemia, supone un alivio para la presión asistencial y contribuye a la optimización de los cuidados en un grupo de ciudadanos muy vulnerables como son los ancianos o los discapacitados”, ha destacado. “Además,–añade– contribuye a desarrollar una asistencia más humanizada y en conseguir mejores resultados en salud”.

Medicalización de residencias

En este contexto, Manuel Ollero, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla, ha presentado el Programa de medicación de personas mayores puesto en marcha por el mencionado hospital. Una iniciativa desarrollada “sobre la marcha” con el objetivo de “conseguir una atención sanitaria de excelencia manteniendo la concertabilidad, la integralidad y la continuidad asistencia, disminuyendo la morbi-mortalidad de los pacientes”, explica.

Se organizó un programa coordinado de medicalización in situ en respuesta a un importante brote de COVID-19 en 4 residencias de ancianos. El objetivo establecido fue mejorar la supervivencia, ofrecer cuidados paliativos humanísticos a los residentes en su entorno natural y reducir las derivaciones hospitalarias.

Para ello, se establecieron una decena de procesos e intervenciones clave. En palabras de Ollero, estas se puede resumir en cuatro puntos clave. Por un lado, la adaptación de los protocolos al entorno residencial y la provisión de infraestructura informática y de equipos médicos y recursos humanos.

Seguido de una continuidad de la atención 24×7 con equipos mixtos con el apoyo de residentes. Y una cuarta pata centrada en la coordinación de un equipo formado por médicos de Atención Primaria, personal de hospital y equipos sociosanitarios compartiendo espacio y pacientes.

Los resultados principales revelan que un programa de medicalización coordinado en las residencias de mayores antes este brote de coronavirus logró mejor tasa de supervivencia y cuidados paliativos óptimos, así como una reducción de las derivaciones al hospital. A juicio de Ollero, este programa garantizó “una asistencia sanitaria excelente además de una atención humanista de los residentes”.

Cambios en la farmacia hospitalaria

En el ámbito de la farmacia hospitalaria, Miguel Ángel Calleja, jefe de Servicio del Hospital Virgen Macarena, en Sevilla, ha subrayado que, durante la situación límite que se ha vivido, “la actuación de los profesionales sanitarios ha sido un ejemplo de adaptabilidad y plasticidad”.

“El manejo de los pacientes con un equipo unido ha hecho el que trabajo haya sido muy fluido pese al cambio permanente de protocolos que se ha vivido”. En este sentido ha apuntado que ha sido muy positivo que “el hecho de estar tan centrados en los resultados en salud ha hecho que la sostenibilidad haya pasado a un segundo plano”.

Como lecciones aprendidas, Calleja ha señalado que en el futuro se debe garantizar que las residencias cuenten con la tecnología y la medicalización adecuada y suficiente, acercando el trabajo colaborativo y reduciendo al máximo la transición de los pacientes a los hospitales.