Desde que en marzo comenzasen los primeros casos de COVID-19 en España se ha conseguido reunir una mayor información sobre la enfermedad. No solo sobre la fase aguda de la misma, sino sobre las secuelas que deja la misma. Unas secuelas que recaen en gran medida en el seguimiento de la Atención Primaria. Es por ello que el seguimiento post-COVID ha sido otro de los temas abordados durante el 42 Congreso Nacional de SEMERGEN.

En concreto, durante el mismo se ha presentado el Protocolo de continuidad asistencial en COVID-19 de SEMERGEN-SEMI. Se trata de un documento creado durante estos últimos meses por médicos de Atención Primaria y Medicina Interna.

Presentaba las líneas claves del mismo Álvaro Morán Bayón, médico de familia. “Todos tenemos muy claro el seguimiento con clínica de coronavirus, pero no qué hacer una vez que lo pase. Si hay que hacer seguimiento, si debe ser como una enfermedad crónica o solo un seguimiento puntual”.

Seguimiento post-COVID

A este respecto la primera aclaración es que “no hay que tratar al paciente COVID como un enfermo crónico”. Aunque algunas de las complicaciones de la infección necesiten un seguimiento posterior. De esta forma, el protocolo establece diferentes líneas de acción en el seguimiento post-COVID según el tipo de paciente.

“La primera diferenciación es entre pacientes que han requerido ingreso y los que no, porque los cuadros clínicos de las secuelas son muy diferentes”. Bajo esta premisa, según el caso, se hará un seguimiento al mes, a los tres meses y a los seis meses.

Para los pacientes que no han requerido ingreso, solo se hará un seguimiento de aquellos que hayan presentado síntomas, lo que no implica que los asintomáticos consulten a su médico de Primaria en caso de notar algún tipo de sintomatología posterior. Para los pacientes leves y moderados se recomienda una e-consulta o llamada telefónica desde Primaria a los 3 meses. Solo en los moderados se repetirá este seguimiento a los 6 meses.

En los pacientes que han requerido ingreso estos volverán a dividirse entre los que no hayan tenido complicaciones, los que sí, y los que concretamente hayan padecido clínica respiratoria grave o no grave.  En todos ellos se hará un primer check list telefónico sobre el estado general del paciente entre las 24 y 72 horas siguientes. Al mes será recomendable un seguimiento hospitalario en las Unidades de seguimiento post-COVID, y a los tres meses este solo será necesario en pacientes con complicaciones e ingresos con clínica respiratoria.

En este punto resulta fundamental la figura de las Unidades de seguimiento post-COVID que cada vez se van creando en más hospitales.  Según Álvaro Morán, es Medicina Interna quien está liderando estas unidades, pero al ser multidisciplinares permite derivar o concretar pruebas según se necesite o se clasifique al paciente con un síndrome concreto, bien sea dermatológico, neurológico, cardiológico, etc.

La conclusión final es que “este es un protocolo cambiante y vivo”. Y es que la realidad es que “todos tenemos el desconocimiento de qué será de un paciente post COVID dentro de unos años”.

La realidad del paciente post-COVID

Si bien este protocolo marca cómo debe hacerse el seguimiento, la otra cuestión a analizar es cuáles pueden ser los síntomas esperados. La evidencia científica ha dejado claro que la COVID-19 no es una enfermedad que afecte solo a los pulmones, sino que puede tener afectación en casi todos los órganos. En este sentido, desde la Sociedad Española de Medicina Interna continúan haciendo un seguimiento de casi 15.000 pacientes para poder recabar datos de sus secuelas. Asimismo, la evidencia internacional también señala ciertas coincidencias con los datos encontrados en España.

Si bien los datos son muchos, hay algunas conclusiones claves. Exponía las mismas Esther Del Corral especialista en Medicina Interna. Así, destacaba que hasta un 87 por ciento de los pacientes dados de alta hospitalaria tienen al menos un síntoma hasta 60 días después.  Un 50 por ciento refiere algún síntoma a los 3 meses de seguimiento.

Teniendo en cuenta estas cifras, es lógico observar que el 40 por ciento de los pacientes siente que ha empeorado su calidad de vida. Un 20 por ciento afirma tener más limitaciones en su vida diaria.

Por otra parte, la mitad de los pacientes presentan alteraciones radiológicas a los 3 meses, la mayoría de ellas leves. Sin embargo, se desconoce la significación clínica de las mismas.

La astenia parece ser una de las secuelas más comunes. Sin embargo, preocupa que los pacientes que la presentan son también los que tienen más síntomas de estrés post-traumático, problemas cognitivos y disnea.

“Hacen falta estudios más a largo plazo para seguir valorando estas secuelas, porque la mayoría de ellos son a 3 meses de seguimiento”, advertía Del Corral. Lo que sí podía concluir la experta es que hay dos cuestiones claras. “La COVID afecta a muchos órganos, por ello es necesario una valoración integral”. Siendo así, la experta insistía en que es necesario que haya una sola puerta de entrada para estos pacientes, y debe ser la Medicina Interna.