Gestas, hazañas, gloria y esplendor han rodeado la vida del gran Almirante, Virrey y Gobernador de las Indias Cristóbal Colón hasta su fallecimiento. ¿Por qué no recordar a aquellas personas anónimas la mayoría, poco conocidas otras que se hicieron cargo de su salud y de la de aquellos tripulantes y aventureros, e incluso de la salubridad de sus barcos?.

Es un hecho bien conocido que la misión del descubrimiento del Nuevo Mundo se pudo llevar a cabo gracias al apoyo de los Reyes Católicos al navegante Colón. Éste, basándose en la presunta esfericidad de la Tierra y en las mediciones equivocadas de Toscanelli, pretendía llegar a Oriente navegando desde Occidente. Tuvo apoyo de los Reyes, del Cardenal Mendoza, Fray Juan Pérez, Martín Alonso Pinzón y otros. Tras sortear todo tipo de obstáculos, se hizo a la mar en dos carabelas y una nao el 5 de agosto de 1492.

En el primer viaje, en el que, según Irving, aparte de las personas que comandaban la expedición «también iban un médico y un cirujano con varios aventureros particulares, algunos criados y unos noventa marineros, en total sobre ciento veinte personas», tenemos constancia de la presencia a bordo de dos miembros del personal sanitario, seguramente sin título universitario, según S. Granjel, el físico de Palos de Moguer, Maese Alonso, que, al término de este viaje, vuelve a España al cuidado del Almirante y sus hombres. así cómo de su ayudante, Maese Juan Sánchez, quién, al regreso, se quedará al cuidado de la salud de los que permanecen en La Española en Fuerte Navidad, construido con los restos de la nao Santa María, donde fallece, no sabemos a ciencia cierta, si víctima del ataque indio, lo más probable, o de alguna fiebre propia del país.

En el segundo viaje, salió Colón de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 con tres galeones o carracas, 14 carabelas y 1.500 acompañantes. Entre la dotación aparece el más destacado facultativo de los cuatro viajes, Don Diego Álvarez Chanca, médico de cámara de los Reyes, quien había prestado sus servicios a estos, a Doña Juana La Loca y al Príncipe Juan, como consta en cédula de 7 de Julio de 1492, mandando la Reina a sus contadores mayores le pagasen 68.750 maravedises que se le adeudaban y diciendo: «Yo vos mando que averigüéis cuenta con el doctor Chanca, físico de la princesa mi muy cara é muy amada fija, de los maravedises que se le deben de su quitación del año pasado, etc.».

Don Diego iba acompañado en sus tareas por Maese Melchor, cirujano ayudante. El doctor Chanca iba comisionado por los Reyes Católicos con misión muy concreta, consistente en la asistencia a la salud de la colonia española, como claramente se evidencia en la carta que le dirigen: «El Rey y La Reina: Doctor Chanca: Nos habemos sabido que vos, con el deseo que teneis de Nos servir, habéis voluntad de ir a las Indias, é porque en lo hacer Nos serviréis é aprovechareis mucho a la salud de los que por nuestro mandado allá van por servicio nuestro que lo pongáis en obra, é vayais con el nuestro almirante de las dichas Indias, el cuál vos hablará en lo que toca a vuestro asiento para allá, y en lo de acá. Nos vos enviamos una carta para que vos sea librado el salario e ración que de Nos teneis, en tanto que allá estuvieredes».

La cantidad que percibía Don Diego al año, según documento de a bordo, ascendía a 50.000 maravedíes al año. Deducimos, por tanto, que las tareas de naturalista, cronista y antropólogo que desarrolló las llevó a cabo por iniciativa propia. Comentan las Crónicas que Don Diego, con sus cuentos y dichos agudos, amenizaba los coloquios, cuando «la animación iba decayendo y las ideas tristes y el recuerdo de la patria y de la familia abandonada daban tinte de melancolía a la conversación».

Una vez en tierra, observó el efecto de algunas plantas. Los indios conocían las aplicaciones de la raíz de ipecacuana, usado como potente antiemético, tónico, purgante y diaforético. Asimismo, conocían la coca que usaban cómo estimulante para soportar la fatiga sin notarla, por lo que lo usaban en grandes desplazamientos o para usos guerreros, también para ser capaces de combatir el mal de las altura, así cómo la corteza de la quina, eficaz antipalúdico cómo es sabido.

Sin duda alguna, el conocimiento del curare ha sido, a largo plazo, uno de los más trascendentes que hemos recibido de los indios, ya que hizo posible el progreso de la moderna Cirugía hasta nuestros días. El doctor Álvarez Chanca asistió al Almirante de una herida en una pierna, como consecuencia de unos combates, y luego de una grave enfermedad, paludismo o tifoidea, pues estuvo varios días sin conocimiento. y desde allí pidió al Cabildo de Sevilla, en un largo y detallado memorando en el que describe magistralmente la tierra, los productos de la misma y sus gentes. medicinas y bastimentos por haber muchos enfermos con fiebre por «mudamientos de aires y aguas».

En dicho documento recoge numerosas anotaciones clínicas y etnográficas sobre los pueblos descubiertos, sus costumbres, su modo de vestir y de construir sus poblados y botánicas. Entre éstas, la descripción de nuevas plantas y el efecto que producían algunas de ellas cómo la del manzanillo, de pulpa blanda y esponjosa, que bien podía causar la muerte de quién la probase a pesar de su sabor agradable en principio, y que provocaba después importantes hinchazones, ardor y dolor sólo mitigable con aplicaciones de cosas frías.

Ejemplo ilustrativo es el que sobre el conocido canibalismo de los Caribes nos refiere: Que aquellas gentes andaban cómo nacieron. que se pintaban el rostro que causaba risa. que eran idólatras, y que había una especie de árboles que producían lanas, con las que se podían hacer paños muy finos. En aquellas islas había gran cantidad de minerales, mucho oro, y una variedad asombrosa de árboles. Visitando la isla, que luego se llamó la Guadalupe, pinta su belleza y la hermosa perspectiva de su gran cascada.

Esta isla estaba habitada, hallándose en sus casas algunos cráneos humanos y huesos de brazos y piernas. Sus naturales hacían cautivos a los de otras islas, llevándose a las mejores mozas para comerse los hijos que tenían de ellas, conservando sólamente los de sus propias mujeres. igualmente se comían a los hombres, cuya carne, según ellos, era un bocado muy sabroso. no así la de las mujeres y muchachos, a los que castraban para comérselos también en edad adulta

No obstante no todo fueron aciertos en la descripción de la naturaleza que nos hace Chanca, por cuanto, debido a prejuicios en su formación de origen, pasa por alto algunas cuestiones. Así por ejemplo: «Sorprende ver al doctor Chanca tan ciego a la novedad, que violentase la comparación para designar reptiles más o menos semejantes a los conocidos, que nada verdaderamente imprevisto echase de ver en las plantas y que con peregrina timidez apuntara la idea de que algunas aves de colores los más vivos, fuesen, al parecer, desconocidas . ¡Cuánto mejor había mirado el Almirante en su primera expedición!».

El doctor Don Diego Álvarez Chanca fue posteriormente autor de una de las más importantes obras médicas del Renacimiento, sus comentarios a las parábolas de Arnaldo de Vilanova: «Comentum in parabolis Divii Arnaldo de Vilanova ad ilustrissimum Archorum Ducem, impressum ex mandato praedicti domini ducis». Sevilla, por Jacabo Converger, alemán, (año 1514). «Es lástima que no se hiciese una reimpresión o estracto de esta obra acomodándola al gusto de estos tiempos. Consta, cómo las parábolas de Arnaldo de sentencias sublimes dirigidas a formar el corazón y la moral del médico, y a darle preceptos sólidos, hijos de la experiencia. y por lo tanto repito que en mi concepto sería muy útil el estracto y reimpresión que acabo de indicar ,cuyo deseo he manifestado ya en la biografía de Arnaldo».

Asimismo, sabemos que el doctor Álvarez Chanca fue uno de los médicos prestigiosos que tomó parte en una controversia científica sobre el tema del dolor de costado, la pleuritis y en especial, el lugar en que debía efectuarse la sangría. Don Emilio Robledo en sus «Apuntaciones sobre la Historia de la Medicina Colombiana», hace referencia al alto nivel de Don Diego señalando: «a nuestro juicio no le han dado al doctor Chanca los médicos que se han ocupado de escribir la Historia de la Medicina, la preeminencia que le corresponde cómo patriarca de los profesionales titulados que visitó el Nuevo Mundo y que dio a conocer en Europa las condiciones generales de los habitantes descubiertos»».

Tendríamos que agregar el reconocimiento como pionero de la investigación científica y etnográfica a los honores que corresponden a Don Diego Alvarez Chanca.

En el tercer viaje, se desconoce el personal sanitario, si bien por Real Cédula de ocho de abril del 1495, se dispone que «llevarán físico e cirujano e boticario», y ya en el cuarto aparece un Maese Bernal, médico, un cirujano y un boticario que asistieron a Colón en su paludismo y en su artritis, ya fuese gotosa (Marañón), ya reactiva (Síndrome de Reiter o similar, como sugieren los últimos estudios al respecto). la cual provocó que el Almirante estuviese tanto tiempo postrado que le tuvieron que habilitar un lecho en la cubierta alta para poder gobernar la navegación.

Hasta 1502 consta, por tanto, que han visitado el nuevo Mundo unos diez facultativos conocedores de una ciencia estudiada a fines de la Edad Media sobre las obras de Galeno, Hipócrates, La Cirugía de Chauliac, el compendio de Ketham y los Concilia de Montagnana, el Liber Medicinae de Alí Abbas, las obras de Averroes, Mesué y Rhazes, el Canon de Avicena, a las que eran fieles con dogmatismo casi religioso. faltaba cerca de medio siglo aún para la aparición en 1543 de la obra cumbre de Vesalio «De Humani Corporis Fabrica» en siete libros, obra a partir de la cual, la orientación de la Medicina comenzaría a cambiar lentamente hacia posturas empíricas y positivistas.Casi todos estos facultativos provenían de las Universidades de Salamanca, Alcalá de Henares y otros centros de prestigio.

Una prueba del ímpetu político y sanitario de la conquista es la fundación ya en 1498 del Hospital de San Nicolás en La Española, hoy Sto. Domingo. En relación con la Medicina de la época, hay que hacer mención expresa de un personaje sobresaliente aunque, al parecer, nunca fue a América, Nicolás de Monardes, médico y botánico sevillano, que viene al mundo coincidiendo con la noticia del Descubrimiento en 1493.

Inclinado a la Medicina, demuestra un precoz interés por la botánica y, ya fuera por haber visto alguna planta novedosa entre las cosas que traían de América, ya fuera por intuición de que en tan fabulosa tierra debiera haber especies exóticas y desconocidas en Europa. comienza a solicitar a todo tipo de hombres de mar, viajeros, misioneros, soldados y demás, que le traigan o le hagan llegar diversas especies botánicas, con mención de las características de los lugares de procedencia, orográficas, climatológicas de situación geográfica y de toda índole.

Preparó una huerta en su casa en la calle de las Sierpes, con el material que iba recibiendo, dónde cultivaba las diversas especies, descubriendo las propiedades de algunas de ellas cómo la savia del Drago que pasó a ser de uso de carpinteros y calafates por servir de barniz protector contra la corrosión. Asimismo trabajó con tabaco, bálsamo, guayaco o palo santo (guayagum officinale), la patata, sasafrás y diversos tónicos y purgantes, dando a conocer los usos de algunas de ellas que posiblemente no eran conocidos en origen.

Con todos los conocimientos atesorados en estos estudios y experiencias publicó en 1565 un libro que tituló: «Primera y Segunda y Tercera partes de la Historia Medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven de Medicina (1574)» noticias jubilosas del Nuevo Mundo encontrado, que fue traducida a varios idiomas, tal fue su éxito. En relación con el libro, Benvenuto Cellini afirma haber sido curado, con efecto sistémico, por dos veces de las consecuencias infecciosas de mojaduras y enfriamientos por «agua de palo santo», cuyo cocimiento recomendaba Monardes como antiséptico local.

Cómo se ve el doctor Monardes haciéndose discípulo de los soldados que le referían las virtudes del sasafrás y otras cosas, «con los muelles de Sevilla por cátedra y la Casa de contratación por museo, iba reuniendo datos para ensayar luego por sí mismo las nuevas cosas traídas de las Indias occidentales».

De Monardes surge, curiosamente, la primera crítica conocida a las deficiencias de la investigación científica en España, cuando, ante el modo disperso y asistemático de llegarle noticia, por diverso género de personas, de las virtudes de las plantas americanas, se lamenta a propósito de un palo aromático que vió arder en Sevilla desprendiendo un grato olor: «Por do considero cuantos árboles y plantas hay en las Indias nuestras que tienen muy grandes virtudes medicinales, pues en la leña para la chimenea se gastan árboles olorosos, de cuya corteza hechos polvos, se podrían hacer muy grandes efectos» Sin buscar la especiería de Maluco, y las medicinas de Arabia y las de Persia. La falta es nuestra que no las investigamos ni buscamos, ni hacemos la diligencia que conviene, para aprovecharnos de sus maravillosos efectos».

Esta obra contiene descripciones rudimentarias en las cuales aparece antes que el efecto curativo de los medicamentos señalado por la experiencia, su naturaleza caliente o su complexión seca en primero, segundo o tercer grado, revelando todavía la marca árabe. pues aunque los Reyes Católicos habían expulsado de España a los musulmanes, todavía predominaban en la Medicina sus doctrinas. En su Historia Medicinal explica el modo de empleo y las propiedades de la raíz de china, (muy usada después por Carlos V y que dio lugar a una monografía de Vesalio, a la sazón médico del Emperador), sobre la popular zarzaparrilla de Honduras y el sasafrás.

Monardes también había terciado en la referida polémica sobre la pleuritis con su obra. «De secanda vena de pleuriti inter grecos et arabes concordia. Sevilla» (1539), muriendo en 1588.

Como colofón comentaremos que, una vez más, podemos comprobar cómo la Historia la hacen también protagonistas cómo los referidos.