Antonio Morente, Sevilla.- Los directivos requieren los mismos cuidados emocionales y de atención que un profesional o un paciente. Con esta filosofía, y con la sensación de que estos responsables "han estado un poco olvidados los últimos años", la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) celebró recientemente una nueva edición de su curso "Cuidando al directivo", "que últimamente se reclama más que el destinado a los ciudadanos", apostilla José Luis Bimbela, profesor de la EASP y responsable de esta experiencia formativa cada vez más demandada fuera incluso de la escuela.

Desde su punto de vista, un mejor cuidado del directivo "beneficia a todo el sistema", ya que así conecta mejor con el profesional y permite, en última instancia, una mejor atención del paciente. La cadena se inició justo al revés: de la preocupación por el ciudadano se pasó a la certeza de que había que atender mejor a los trabajadores, antes de llegar a este último eslabón que es el directivo.

Los responsables "tienen un impacto emocional fuerte" que se resume con una afirmación humorística pero muy gráfica: "los directivos también lloran". En esta situación están tanto los de Atención Primaria como los de Especializada, que sufren con frecuencia sentimientos de "ansiedad, rabia, impotencia y cansancio".

Los directivos deben enfrentarse a situaciones muy variadas, y entre las que exponen durante los cursos están las del subordinado que genera situaciones absurdas, la referencia a situaciones no resueltas o la sensación de que le están "haciendo la cama". A esto se suman conflictos como enfrentarse a un trabajador contratado al que no se le va a renovar el contrato o tener que tomar decisiones con importantes repercusiones sin conocer con exactitud la opinión del sistema.

"Deben tomar decisiones con gran repercusión económica y laboral, y están solos en esta situación", señala José Luis Bimbela, quien subraya que en muchos casos tienen "falta de manejo" frente a lo que deben hacer. Ante este panorama surgió el proyecto de unos cursos de cuidados que inicialmente los propios profesionales que no son directivos "creían que no hacían falta" por la sensación de que es algo que va en el sueldo, pero es se trata de situaciones que no son asumibles "sólo por tener un mayor reconocimiento económico".

Durante el curso los directivos, en el nivel cognitivo, "aprenden a pensar bien", una inteligencia emocional que les ayude a "interpretar la situación de la forma más realista y objetiva posible". Asimismo, se les enseña a tomar decisiones "que permitan a todos los implicados ganar algo" y, por último, se les explican técnicas de yoga, de relajación física para que estos profesionales "trabajen directamente su propio cuerpo porque sólo lo cognitivo es complicado".

De esta manera, y con herramientas de inteligencia emocional, "interpretan la ansiedad como algo normal". Al final todo esto beneficia a todo el sistema, porque un directivo con esta formación "ya no choca con un profesional cuando éste le habla de emociones", ya que es un concepto que conoce e incluso domina.